Rosa Luxemburgo

Luchadoras. Historias de mujeres que hicieron historia

Rosa Luxemburgo

Por Bárbara Funes


“El socialismo dejó de ser un esquema, una bonita ilusión o un experimento realizado en cada país por grupos de obreros aislados, cada uno librado a su propia suerte. Programa político de acción común para todo el proletariado internacional, el socialismo se vuelve una necesidad histórica resultado del accionar de las propias leyes del desarrollo capitalista.”[1] Rosa Luxemburgo

Corría el año 1871. Días antes de que los obreros franceses proclamaran la Comuna de París[2], el 5 de marzo, nació Rosa Luxemburgo en el seno de una familia judía en Polonia, una mujer cuya vida estuvo signada por la revolución. En esa época Alemania y Rusia se disputaban el territorio polaco. En 1874, su familia se trasladó a Varsovia. Para rusificar el país, el zarismo prohibió hablar polaco. El uso clandestino de esa lengua se convirtió en la forma de protesta de los estudiantes; las escuelas eran núcleos de agitación contra el absolutismo. Ya al terminar sus estudios, a Rosa se le negó la medalla de oro, a causa de su actividad clandestina. A los dieciséis años, Rosa militaba en el Partido Revolucionario Socialista Proletariat, influido por el marxismo. Bajo el terror zarista, en 1889, se creó la Federación de Trabajadores Polacos, en la que también participó. Una huelga convocada en la ciudad de Lodz concluyó con la masacre de cuarenta y seis obreros, asesinados por la guardia zarista. La persecución política obligó a Rosa a exiliarse en Zurich, donde ingresó en la universidad.

Rosa y León Jogiches[3] con Proletariat, la Federación de Trabajadores Polacos y dos grupos escindidos del Partido Socialista Polaco (PPS) fundaron el nuevo partido socialista polaco, que en 1893 comenzó a editar en París el periódico Sprawa Robotnizca (La Causa Obrera). Rosa tenía tan sólo veintidós años. Cuando el partido pidió su adhesión a la IIº Internacional[4], ella redactó el informe, revelando su gran capacidad dirigente. De esa época es su planteo de que la autodeterminación de los pueblos era una herencia de la revolución burguesa, no una tarea socialista, diferenciándose de Lenin, que sostenía el derecho a la autodeterminación de las naciones oprimidas.[5]

En 1896, en Silesia, Rosa fue la voz del SPD para la agitación política entre los mineros polacos y, entonces, demostró la capacidad de transmitir y llegar a las masas obreras con un mensaje revolucionario. Los trabajadores le llevaban flores y le rogaban que los ayudara en sus luchas. En 1903 fue juzgada y condenada por insultar al Kaiser.

1898: Reforma o Revolución

En 1898, Rosa escribe Reforma o Revolución, un folleto polémico contra las posiciones reformistas de Eduard Bernstein[6], uno de los dirigentes del SPD. Esta fue su entrada en escena en el partido. Bernstein planteaba que se podían obtener mejoras para el nivel de vida de las masas trabajadoras, sin necesidad de hacer la revolución. Para Rosa, integrante del ala izquierda de la IIº Internacional, la lucha por las reformas era un medio para conseguir un fin: la conquista del poder político por parte de la clase obrera. Para Bernstein, por el contrario, “El objetivo final sea cual fuere, es nada; el movimiento es todo”[7]. Para él, en ese momento en Europa occidental, no se podía hablar de reacción: la situación de los obreros estaba mejorando. Las consecuencias de su caracterización son contundentes. Bernstein constituyó el brazo teórico de las tendencias oportunistas dentro del SPD, que años después llevaría a la traición histórica de votar los créditos de guerra, avalando la masacre imperialista.[8]

Las ideas de Rosa se difundieron a partir de este trabajo, abriendo una discusión teórica profunda en el seno del SPD y de la IIº Internacional, incluso llegaron a aprobarse resoluciones de repudio a Bernstein que fueron votadas por él mismo; pero tan formalmente que Bernstein y sus aliados permanecieron dentro del SPD. La unidad de las distintas alas dentro del partido obrero mejor organizado, mantenida hasta la revolución de 1918, tuvo un costo político enorme: el proletariado alemán se vio privado de una dirección revolucionaria decidida, a la que no le temblara el pulso a la hora en que la clase obrera estuviera en condiciones de tomar el poder.[9]

Entre las guerras y las revoluciones

La revolución rusa de 1905 tuvo también sus brotes en la Polonia oprimida por la Rusia imperial.[10] Comenzó con la huelga general en repudio a la masacre del Domingo Sangriento. A partir de entonces se sucedieron las huelgas obreras en Varsovia, Lodz y Sosnovitz por la reducción de la jornada laboral y por aumento de salario en la industria metalúrgica, la construcción, telefónicos, hilanderías, imprentas, obreros del calzado, entre muchos otros. Entre una y otra huelga, entre la cárcel y el lock-out patronal o estatal, los trabajadores organizaron los primeros sindicatos en la clandestinidad.

En la IIº Internacional sólo Rosa se interesaba por las cuestiones rusas y por la escisión en el partido ruso que estaba afiliado a la Internacional, el POSDR[11] y, una vez estallada la revolución, escribe numerosos artículos y pronuncia conferencias ante los obreros alemanes, mientras la burocracia del SPD miraba con mejores ojos a los kadetes[12] y los eseristas[13]. Esto le costó una condena por incitación a la violencia y una temporada en prisión. Al salir, en diciembre de 1905, se traslada clandestinamente a Varsovia, todavía en guerra, a pesar de los consejos de sus camaradas de no hacerlo porque opinaban que era peligroso para una mujer. Al llegar desplegó una febril actividad, a pesar de su frágil estado de salud: desde la redacción de folletos, artículos y proclamas hasta empuñar el revólver para obligar a los impresores a editar los materiales de su partido; desde la participación en huelgas y manifestaciones hasta pronunciar discursos a las puertas de las fábricas, diciendo que era necesario un levantamiento general.

Mientras tanto, el zarismo ruso, derrotado por Japón en la guerra, y ante la acción revolucionaria de las masas, se vio obligado a reconocer algunos derechos políticos básicos y tuvo que convocar a elecciones. En la división que se provocó dentro del partido ruso entre mencheviques y bolcheviques, Rosa Luxemburgo se mantuvo equidistante. Su concepción de la “organización como proceso” se enfrentaba a la tesis leninista de la necesidad de un partido dirigente, organizado conforme a los principios del centralismo democrático.[14] No eran ésos los fundamentos de la socialdemocracia alemana, sólo preocupada por los recuentos electorales. Contra el conservadurismo político de esa organización, Rosa puso el acento en el papel de las masas obreras en acción, en los pasos que eran capaces de dar sin dirección consciente. Estaba profundamente impresionada por la capacidad revolucionaria de la clase obrera en la acción. Creía que las masas tenían que desbordar y barrer a los dirigentes conservadores y crear organizaciones revolucionarias nuevas. Su postura partía de una errónea interpretación del concepto de autoemancipación del proletariado formulado por Marx: “La emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos”. Este gran revolucionario demostró, mediante un análisis económico y social científico, que en el sistema capitalista la única clase social capaz de revolucionar la sociedad es la clase obrera. Pero también llegó a formular que para cumplir ese rol histórico, la clase obrera debe tener su propio partido político independiente de la burguesía y de la pequeñoburguesía. Por lo tanto, la autoemancipación del proletariado es válida a nivel histórico, pero no como estrategia política. En su obra Marxismo contra dictadura Rosa escribe “no pueden existir departamentos estancos entre el núcleo proletario consciente, sólidamente encuadrado en el partido, y las capas envolventes del proletariado, ya adiestradas en la lucha de clases, y entre las que aumenta cada día más, la conciencia de clase”. Para ella, las masas se volvían revolucionarias en el transcurso de la lucha y en ese momento se creaban las condiciones para que superaran a sus direcciones conservadoras (léase, para ella, la socialdemocracia). En 1906, en su folleto Huelga de masas, partido y sindicatos sostiene que “En la movilización revolucionaria de las masas, la lucha política y la económica se funden en una, y la frontera artificial entre sindicalismo y socialdemocracia como dos formas de organización del movimiento obrero independientes entre sí es barrida por la marea.” [15].

Rosa concebía la conciencia de clase del proletariado como una consecuencia mecánica de su situación en el modo de producción capitalista. No comprendió que entre la conciencia histórica del proletariado (encarnada en el partido) y su conciencia inmediata existe una relación contradictoria. No contempla las rupturas que se producen en la conciencia de la clase obrera en su camino desde las luchas económicas hasta las luchas políticas, producto de derrotas físicas, de desvíos, de cooptación de las direcciones y de sectores enteros del proletariado. Subestima el poder de la burguesía que detenta el aparato ideológico del Estado encarnado en las escuelas, las universidades, los medios de comunicación, la Iglesia. Y sobreestima la capacidad de la clase obrera de poder liberarse de la influencia de ese aparato ideológico por sí misma, a pesar de las condiciones de opresión y explotación en las que vive. Lenin, por el contrario, concebía al partido revolucionario como la conexión indispensable entre el movimiento de masas y la teoría de la revolución. La construcción del partido debía ser una decisión política consciente. Luchó por forjar un partido que reconociera que al capitalismo hay que derrotarlo en la lucha y comprendiera que la clase obrera debía ser dirigida por una organización capaz de mantenerse en pie bajo la presión del combate, que durante años se prepara para el papel que deberá desempeñar en las luchas decisivas, que comprende la necesidad vital de una organización y dirección conscientes.

Pero volviendo a Rosa, en 1907, también participó en la Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, informando de la labor de la Oficina Socialista Internacional, de la que era la única mujer miembro.

Ante los preparativos de la Primera Guerra Mundial, las críticas contra Rosa arreciaron en las propias filas del SPD. Era presentada por la prensa como “la polaca sanguinaria”. Como testimonio quedaron algunas cartas entre Bebel[16] y Adler[17]: “La perra rabiosa aún causará mucho daño, tanto más cuanto que es lista como un mono (blitzgescheit), mientras por otra parte carece de todo sentido de responsabilidad y su único motivo es un deseo casi perverso de autojustificación”[18]; “Con todos los chorros de veneno de esa condenada mujer, yo no quisiera que no estuviese en el partido”[19] Pero también había camaradas que la admiraban. Dijo Ledebour (que no era amigo de Rosa): "La camarada Luxemburgo ha entrado frecuentemente en conflicto conmigo... [Pero] las manifestaciones de masas contra la guerra y los belicistas, como las que han ocurrido, no son realización de Müller y del ejecutivo... sino de la camarada Luxemburgo, gracias a sus críticas."[20]

Rosa reunía características poco favorables para una sociedad opresiva y discriminatoria: era mujer, judía, discapacitada físicamente y extranjera, pero lo que más contribuyó a que los problemas la persiguieran hasta dentro de su partido fue su espíritu revolucionario. A los veintisiete años, replicó los insultos de la redacción del diario Vörwarts que censuraba sus artículos porque llamaban a la huelga general y a la insurrección. Acusó a los “falsos socialistas” con epítetos como el que sigue: “Existen dos tipos de seres vivos, los vertebrados que gracias a eso pueden andar y, en ocasiones correr, y los invertebrados, que solamente pueden reptar y vivir como parásitos.”[21]

En los inicios de la Primera Guerra Mundial, el 4 de agosto de 1914, el bloque de diputados de la socialdemocracia votó casi unánimemente los créditos de guerra, con la honrosa excepción de Karl Liebknecht[22]. La primera conferencia internacional antibélica fue organizada por mujeres socialistas. Rosa debía acompañar a Clara Zetkin[23] para hacer los arreglos finales de esta conferencia, pero el 18 de febrero de 1915 fue detenida. Se le abrió un primer juicio por incitación a la insubordinación de las tropas, en el cual Rosa acusó al militarismo alemán. El fiscal pidió un año de prisión y el encarcelamiento inmediato; Rosa replicó que si al fiscal le pidieran un año de cárcel, huiría, pero ella no iba a echar a correr: podían encarcelarla o hacer con ella lo que quisieran porque jamás claudicaría en sus convicciones. Su condena levantó una oleada de indignación y sus denuncias del militarismo, el rearme y la guerra imperialista encontraron cada vez más auditorio. En este campo, Rosa encontró a su aliado más fiel, Karl Liebknecht, con el que también coincidía en el internacionalismo. Juntos crearon, en enero de 1916, la fracción dentro del partido socialdemócrata con el nombre de Espartaco, en honor al legendario jefe de la rebelión de los esclavos romanos.

1918: el año de la revolución en Alemania

Las oleadas de la revolución rusa llegan a Alemania: comienza la revolución en uno de los países centrales y el derrumbe del régimen imperial. El 28 de enero de 1919 se declara la huelga general y se inicia la formación de los Consejos Obreros. El proletariado mejor organizado del mundo se había lanzado a la batalla: como nunca antes estaba en juego el futuro de la revolución mundial.

El 31 de enero la huelga es prohibida y se declara el estado de sitio. La represión comenzó. En marzo son encarcelados Rosa Luxemburgo y otros espartaquistas que difundían propaganda revolucionaria en el ejército. Entre el 15 y el 17 de abril se producen huelgas de masas en Berlín. En septiembre los dirigentes reformistas del SPD deciden participar en el gobierno. El 1º de octubre la Liga Espartaco realiza una Conferencia Nacional y efectúa un llamamiento para formar Consejos de Obreros. El 20 de octubre, Liebknecht es liberado de la prisión de Luckau y es recibido en Berlín por más de veinte mil trabajadores. El 30 de octubre se producen los primeros motines en barcos de la marina de guerra. Son reprimidos y cuatrocientos marinos caen prisioneros. El 1º de noviembre, una gran asamblea de marinos en Kiel exige la libertad de los detenidos. El 3 de noviembre se producen nuevos motines y sus dirigentes son encarcelados. La consecuencia es una marcha que, en su recorrido, consigue desarmar a varios oficiales y diversas patrullas militares. También en Munich hay una manifestación revolucionaria. En Kiel nuevas unidades militares se suman a la rebelión: ya son veinte mil marineros y soldados. Se organizan en Consejos de Soldados -los primeros de la revolución alemana- presididos por el marinero Artelt. Los dirigentes revolucionarios de las grandes empresas hacen un llamamiento a la huelga general. En Stuttgart hay una manifestación a favor de la República Socialista. El día 5 todo Kiel está en huelga. Todo el poder pasa a manos de los Consejos de Obreros y Soldados.

El ministro Noske[24] promete amnistía a cambio de que todo vuelva a la normalidad. El 6 de noviembre, los obreros abandonan las fábricas y, tras algunas escaramuzas con soldados, toman el control de la ciudad. Lo mismo sucede en Bremen, Cuxhaven y otras ciudades. El día 7, la revolución y la formación de Consejos de Obreros se extienden a Munich, Wilhemshaven, Schwerin, Hannover, Colonia y Brunswick. El 8 de noviembre, las masas revolucionarias llegan a las puertas de la prisión de Breslau (Polonia) y liberan a Rosa. Ese día la marea de la revolución y la formación de Consejos de Obreros llega a Oldenburg, Rostock, Magdeburg, Halle, Leipzig, Dresden, Chemitz, Düsseldorf, Frankfurt, Stuttgart, Darmstadt y Nürnberg. Friedrich Ebert, dirigente socialdemócrata, se comunica con el canciller Max de Bade y le dice: “Si el emperador no abdica, la revolución social es inevitable. Tampoco yo deseo la revolución. Para mí es como un pecado.”[25]

En Munich, el Consejo de Obreros y Soldados va al Parlamento, declara el fin de la dinastía de Baviera y proclama la República destituyendo al gobierno monárquico. El 9 de noviembre, la revolución llega a Berlín. La policía abandona sus puestos y los cuarteles son abiertos a las masas, los soldados se muestran neutrales o se unen al movimiento. El canciller Max de Bade anuncia la renuncia del emperador y del príncipe heredero. Entonces, los dirigentes socialdemócratas del SPD proponen a los socialdemócratas independientes la formación de un gobierno común. Max de Bade renuncia y Ebert, socialdemócrata, es nombrado canciller del reich. A las dos de la tarde, Scheidemann proclama la República Alemana en el Reichstag. Se nombra un Consejo de Comisarios del Pueblo integrado por seis miembros: tres del SPD y otros tres socialdemócratas independientes. Los espartaquistas editan ese día el primer número del periódico Die Rote Fahne (Bandera Roja).

El día 10, Ebert es nombrado jefe del Consejo de Comisarios del Pueblo y se pone inmediatamente en contacto con el Estado Mayor para preparar la lucha contra lo que denominaba el “bolchevismo”. El 12, el Consejo de Comisarios del Pueblo saca un conjunto de leyes que entre otras cosas promete la implantación de la jornada laboral de ocho horas a partir del 1º de enero de 1919. El día 22 los Consejos de Soldados de Hamburgo deciden apoyar al nuevo gobierno. Les siguen otros consejos. Del 16 al 21 de diciembre se reúne el Primer Congreso de los Consejos de Obreros y Soldados de Alemania.

El programa que los espartaquistas defendieron se basaba en reclamar todo el poder a los Consejos de Obreros y Soldados, la disolución del Consejo de Comisarios del Pueblo presidido por Ebert, el desarme de la contrarrevolución y dotar de armamento al proletariado, formando además la Guardia Roja, y un llamamiento internacional a los proletarios de todo el mundo para la formación de Consejos de Obreros y Soldados para llevar a cabo la revolución socialista mundial. Pero el Congreso adoptó el programa socialdemócrata sin discutir los puntos que planteaban los espartaquistas. El programa aprobado se basaba en dar todo el poder al Consejo de Comisarios hasta que la Asamblea Constituyente estuviese formada, reservando al Consejo Central de los Consejos de Obreros y Soldados un papel de “supervisión parlamentaria”.

Se decide adelantar las elecciones para la Asamblea Constituyente al 19 de enero. Mientras tanto, la burguesía trataba de reorganizar sus fuerzas armadas y contraataca en varias ciudades, formando “Cuerpos de Seguridad”.

Fui, soy y seré

La traición de la socialdemocracia se evidenciaba plenamente. Entonces, de las mismas filas espartaquistas surge el Partido Comunista Alemán (KPD), el cual se instituye en un Congreso celebrado entre el 30 de diciembre de 1918 y el 1º de enero de 1919: nacía el primer partido comunista en un país económicamente desarrollado. Rosa fue quien redactó el programa de la nueva organización revolucionaria que se aprobó en el Congreso fundacional.

El 1º de enero es desarmado uno de los regimientos revolucionarios más importantes en Bremen. El día 4 es destituido el jefe de policía de Berlín, Eichhorn, miembro del ala izquierda de los socialdemócratas independientes. Se suceden las manifestaciones contra esta destitución. El día 5 se forma una comisión entre los socialdemócratas independientes y el Partido Comunista para seguir luchando contra la destitución de Eichhorn con un llamamiento a la huelga general y a una gran manifestación el 6, a las once de la mañana. Los revolucionarios van ocupando todos los diarios.

Se le otorgan plenos poderes a Noske para frenar el movimiento. Él contesta: “Bien. Uno de nosotros debe ser el perro policía. No temo esa responsabilidad.”[26] El propio Noske escribió más tarde: “Si las masas hubiesen tenido jefes decididos, con objetivos claros y precisos, en lugar de pronunciar hermosos discursos, al mediodía de aquella jornada habrían sido completamente dueñas de Berlín.”[27]

Se realizan huelgas de solidaridad con los revolucionarios berlineses en diversas ciudades. Hay enfrentamientos en las calles de Berlín y Spandau. El día 11, los locales del diario socialdemócrata Vorwärts, ocupados por los revolucionarios, son asaltados por las tropas. Noske hace una demostración de fuerza desfilando por las calles de Berlín. El 15 de enero, Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht fueron asesinados por soldados que cumplían órdenes del ministro socialdemócrata Noske. El día 25 es el entierro de Liebknecht y de los demás combatientes revolucionarios asesinados. Pero el cadáver de Rosa aún no había aparecido.

El 16 es prohibido el diario espartaquista Bandera Roja. A partir de la celebración de las elecciones a la Asamblea Constituyente el 19 de enero el gobierno se consolida, mientras los consejos son despojados de su poder. Del 20 al 23 de enero se producen huelgas de protesta por el asesinato de Rosa y Liebknecht. El 23, el gobierno declara el estado de sitio en Hamburgo. El 3 de marzo se declara la huelga general en Berlín, reclamando el reconocimiento de los Consejos de Obreros y Soldados, la libertad y el sobreseimiento de todos los presos políticos, la formación de una Guardia Obrera Revolucionaria y la disolución de las fuerzas represivas, además del establecimiento de relaciones económicas y políticas con la Rusia revolucionaria. El gobierno declara el estado de sitio, que continuará hasta el 5 de diciembre. Se dan choques armados en Berlín hasta el día 6, en que las tropas de Noske ocupan la prefectura de la policía. Fracasa la huelga general y se reanuda el trabajo en toda la Alemania central a partir del día 8. El día 10 Leo Jogiches es encarcelado y la policía anuncia que ha muerto al intentar escapar. Nuevos combates se producen entre el 15 y 18 de abril, día en que las tropas causan mil doscientos muertos al disparar contra las manifestaciones de marineros y trabajadores. Recién el 31 de mayo se encuentra el cadáver de Rosa Luxemburgo.

El Partido Comunista y todas sus publicaciones son prohibidos. A lo largo de 1919 se suceden las luchas y las huelgas, cada vez enfrentadas a un ambiente de mayor represión y persecución por parte del gobierno y las tropas de Noske. El 7 de abril se proclama la República de los Consejos de Baviera, que dura hasta el 4 de mayo cuando las tropas de Noske penetran en Munich y desencadenan una feroz represión. Son fusilados decenas de dirigentes y militantes revolucionarios. La represión se prolonga hasta junio. Las luchas acabaron con el fin de la huelga de los metalúrgicos de Berlín, el 11 de noviembre.

El 5 de diciembre se levanta el estado de sitio en Berlín. La revolución ha sido derrotada, pero no ha muerto. Y sin embargo, esta derrota tuvo un terrible costo para la revolución mundial: el primer estado obrero de la historia, la Unión Soviética, no pudo contar con el vital auxilio del proletariado alemán, uno de los más fuertes de Europa. No contó ni con su capacidad tecnológica ni con su cultura.

Los dirigentes más reconocidos de esta revolución alemana fueron Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht. Junto a ellos cayeron en las calles miles de obreros revolucionarios; otros inauguraron los primeros campos de concentración. Dicen que todavía se repite una pintada en los muros de los barrios obreros alemanes, que es muy habitual: "¡Trotzalledem!". (¡Adelante a pesar de todo!), la frase que pronunció Liebknecht al enterarse de las amenazas de muerte que pendían sobre ellos.

No han muerto en vano. Las lecciones de la revolución alemana y sus protagonistas contribuirán a la emancipación del proletariado mundial. Pero hay quienes hemos tomado el relevo en la lucha por una sociedad sin explotación ni opresión. En nuestros oídos aún resuenan las palabras finales del artículo El orden reina en Berlín, escrito por esa pequeña mujer que fue una revolucionaria gigante, Rosa Luxemburgo, en la víspera de su asesinato: “’¡El orden reina en Berlín!’, ¡esbirros estúpidos! Vuestro orden está edificado sobre arena. La revolución, mañana ya ‘se elevará de nuevo con estruendo hacia lo alto’ y proclamará, para terror vuestro, entre sonido de trompetas: ¡Fui, soy y seré!”[28]

[1] Utopías pacifistas, de Rosa Luxemburgo.

[2] Ver Louise Michel, en el capítulo I de este mismo libro.

[3] Leo Jogiches (1867-1919): Fue uno de los fundadores del Partido Socialdemócrata Polaco y de la Liga Espartaco. Compañero de Rosa Luxemburgo, fue arrestado y asesinado por la policía un mes después de la muerte de Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo.

[4] La IIº Internacional, fundada en 1889 como sucesora de la Iº Internacional, en sus inicios fue una asociación libre de partidos nacionales laboristas y socialdemócratas, en la que se nucleaban elementos revolucionarios y reformistas.

[5] Rosa Luxemburgo sostenía que era era incorrecto que los revolucionarios afirmaran el derecho incondicional de todas las naciones a la autodeterminación, dado que eso podría fortalecer a los movimientos nacionalistas dirigidos por la burguesía nacional. Sus posturas están desarrolladas en el folleto Junius y en el texto La Revolución Rusa. A estas afirmaciones, Lenin replicaba que es incorrecto afirmar que no puede lograrse la autodeterminación bajo el capitalismo, como lo demostró Noruega, cuando en 1905 obtuvo la independencia de Suecia con la ayuda de los obreros suecos. Por otro lado, si bien es cierto, como decía Rosa, que las clases dominantes se oponen con el discurso contra la explotación y la opresión, los revolucionarios debemos demostrar en la acción a las minorías nacionales oprimidas y explotadas que nuestras consignas no son huecas, como las de los capitalistas. Un gobierno socialista puede ganar como aliadas a las minorías oprimidas solamente si está dispuesto y es capaz de demostrar su apoyo incondicional al derecho de ese pueblo de formar un estado separado si así lo quiere.

[6] Eduard Bernstein (1850-1932): Fue uno de los fundadores y más destacados dirigentes de la socialdemocracia alemana. A la muerte de Engels, inició y encabezó un movimiento revisionista del marxismo tanto en su teoría como en la práctica. Tras abandonar la vía revolucionaria, abogó por la reforma gradual y pacífica del sistema capitalista.

[7] Citado por Rosa Luxemburgo en Reforma o Revolución.

[8] La política de la socialdemocracia alemana se reducía al parlamentarismo -presentarse a elecciones y obtener bancas a costa de grandes concesiones políticas- y al sindicalismo -los socialdemócratas que trabajaban en el movimiento obrero temían a cualquier lucha que fuera más allá de las exigencias de aumento de salario o mejoras en las condiciones de trabajo.

[9] Como escribió Trotsky años más tarde, un partido leninista de combate, su dirección, sus cuadros, su programa y su experiencia no se pueden improvisar en la hora de la revolución.

[10] La revolución rusa de 1905 surgió del descontento creado por la guerra ruso-japonesa y el despotismo zarista. Comenzó en enero con la masacre de una manifestación pacífica, conocida como el “Domingo Sangriento”, y desató una oleada de huelgas que culminaron en la formación de un incipiente poder dual en los soviets (Consejos Obreros). El más importante fue el de San Petersburgo. Fue derrotada en diciembre del mismo año.

[11] Partido Obrero Socialdemócrata Ruso. En el Congreso de 1903, realizado en Londres, se originó una debate sobre al tipo de organización revolucionaria que debía construirse. Lenin obtuvo la mayoría: desde entonces se conoció a su tendencia con el nombre de “bolchevique” que significa mayoría en ruso, que sería la dirección de la Revolución Rusa de 1917. La otra fracción, la “menchevique” (minoría, en ruso) se opuso a la Revolución de Octubre. Lenin en su obra Un paso adelante, dos atrás da cuenta de esta polémica.

[12] Kadetes es el nombre con el que se designa a los miembros del KDT (Partido Constitucional Demócrata). Partido burgués de Rusia fundado en 1905, dirigido por Miliukov, apoyó la monarquía constitucional, luego se inclinó hacia una república. Participó en el Gobierno Provisional de 1917, trabajó por la derrota del Gobierno soviético después de la Revolución de Octubre. Después de la Guerra Civil existió sólo en la emigración.

[13] Eseristas es el nombre con el que se conoce a los miembros del Socialismo Revolucionario, partido pequeñoburgués en Rusia, que surgió a comienzos de 1902 como resultado de la unificación de diferentes grupos y círculos populistas. Las concepciones de los eseristas constituían una amalgama ecléctica de las ideas del populismo y el revisionismo; los eseristas intentaban, según expresión de Lenin, “arreglar los desgarrones del populismo con remiendos de la ’crítica’ oportunista en boga del marxismo.”

[14] Lenin y los bolcheviques defendían la necesidad de un partido centralizado de revolucionarios conscientes. Contra la concepción menchevique de una organización laxa, sin límites definidos, Lenin sostenía que para ser miembro del partido era indispensable demostrar un compromiso a través de llevar adelante las resoluciones tomadas por la organización. La disciplina estaba basada en una discusión interna democrática. Esa forma de organización les permitió mantener la actividad revolucionaria incluso en los momentos de mayor reacción, con los dirigentes presos o en el exilio. Los mencheviques, por el contrario, estaban constituidos por un grupo de líderes y una base amplia sin poder real en la toma de decisiones.

[15] Este libro estaba dirigido a enfrentar el creciente oportunismo de la socialdemocracia alemana que escindía las huelgas económicas de la lucha política, restringida a proponer leyes en el Parlamento alemán que mejoraran las condiciones de vida de la clase obrera.

[16] August Bebel (1840-1913): Fue uno de los fundadores y dirigentes del Partido Socialdemócrata Alemán y de la IIº Internacional. Fue autor de La mujer y el socialismo.

[17] Víctor Adler (1852-1918): Físico y político socialdemócrata, dirigente de la sección austríaca.

[18] Víctor Adler a August Bebel, 5 de agosto de 1910.

[19] Respuesta de Bebel a Adler, 16 de Agosto de 1910. Ambas correspondencias están recopiladas en Rosa Luxembug de Peter Nettl.

[20] Citado en Rosa Luxemburgo, la liberación femenina y la filosofía marxista de la Revolución, de Raya Dunayevskaya.

[21] Artículo publicado en 1898 en la Leipziger Volkszeitung, revista de la socialdemocracia alemana.

[22] Diputado socialdemócrata cuando estalló la Primera Guerra Mundial. Aunque acató la disciplina partidaria y votó los empréstitos de guerra el 4 de agosto de 1914, no tardó en repudiar esta política pro-bélica y estuvo encarcelado de 1916 a 1918 por esa razón.

[23] Ver Clara Zetkin, en este mismo capítulo.

[24] Dirigente del ala derecha de la socialdemocracia alemana. Fue ministro de asuntos militares y responsable político de los asesinatos de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht.

[25] Friedich Ebert (1870-1925): Dirigente del bloque socialdemócrata en el parlamento alemán, chovinista durante la guerra. Asumió el gobierno en 1918 para impedir la revolución y salvar la monarquía. Luego fue premier del gobierno previsional y primer presidente de la república.

[26] Declaraciones ante el parlamento alemán.

[27] Notas de Noske citadas en el artículo “Rosa Luxemburgo y la revolución alemana de 1918-1919”, de Jesús María Pérez.

[28] Escrito en alemán por Rosa Luxemburgo el 14 de enero de 1919, la víspera de ser asesinada por los soldados de la Caballería de la Guardia del gobierno del SPD.

Flora Tristán

Luchadoras. Historias de mujeres que hicieron historia

Flora Tristán

Por Malena Vidal y Adela Reck


“Tengo a todos en mi contra. A los hombres, porque pido la emancipación de la mujer, a los propietarios porque reclamo la de los asalariados.”[1] Flora Tristán

Hace doscientos años, en París, nació una de las mujeres más importantes en la historia del socialismo y del feminismo: Flora Tristán, hija de un peruano rico y una francesa. Aunque vivió sólo cuarenta años, éstos fueron intensos, cargados de novedosas ideas y actitudes vitales. Durante su existencia, esta mujer vislumbró que el sojuzgamiento que las mujeres aceptaban como algo natural, al jugar el rol que la sociedad y la cultura les destinaba como madres y esposas -reproductoras biológicas y sociales- era similar a la relación que se da entre el amo y el esclavo, entre el obrero y el patrón.

Cabe preguntarse por qué la historia oficial sólo la recuerda como la abuela del pintor Paul Gauguin y, de esta manera, mantiene en el olvido a esta extraordinaria mujer que se sobrepuso a las dificultades y logró plasmar sus audaces pensamientos a través de la militancia, convirtiéndose, sin saberlo, en una precursora de la Asociación Internacional de los Trabajadores. Ella se anticipó seis años a la potente idea del Manifiesto Comunista de Marx y Engels, cuando escribió, en su obra Unión Obrera, acerca de la necesidad imperiosa de que la clase trabajadora se uniera superando las fragmentaciones nacionales y luchara por construir una organización única en todo el mundo, que le diera la fuerza suficiente para lograr su emancipación.

La vida trágica de Flora fue el suelo fértil en que germinaron sus ideas de reivindicación de los oprimidos. Quedó huérfana siendo adolescente y, debido a que la relación de sus padres no se había formalizado, no pudo heredar la riqueza paterna. Es así como pasó de una condición desahogada a una vida de grandes penurias. Adolescente, empezó a trabajar como aprendiza en un taller de grabados, cuyo propietario era un hombre brutal y despótico con el que su madre la obligó a casarse cuando tenía apenas diecisiete años. Así, Flora continuó oprimida: de la familia de sangre a un matrimonio y una maternidad que no había elegido.

El esposo, André Chazal, pronto se muestra como un tirano bebedor y jugador que derrocha el dinero de la familia, además de sentirse rabioso por la frustración de no haber encontrado, en la joven esposa, la mujer sumisa y apacible que buscaba. Hombre violento que, más tarde, intentará violar a su hija, una púber de doce años. Según una biógrafa de Flora Tristán: “Flora es plenamente conciente de que el matrimonio significa la apropiación de la mujer por el hombre. Por ello, propugna la libertad de divorcio y la libre elección del marido por parte de las mujeres, sin que en el matrimonio intervengan los intereses económicos de los padres de los jóvenes. Sin embargo, para ella el matrimonio es antagónico con el amor ya que rechaza que ‘las promesas del corazón... sean asimiladas a los contratos que tienen por objeto la propiedad’.”[2]

Harta de las borracheras y de los abusos del marido, Flora abandona la casa llevándose a los niños. A partir de ese momento, comienza una larga y tenaz disputa por la tenencia de los hijos que termina cuando el esposo intenta asesinarla en la calle, por lo que es condenado a veinte años de prisión. Paradójicamente, gracias a esa bala, Flora finalmente consigue la anulación del matrimonio, pero se gana el repudio de la sociedad. “Una esposa que huye del domicilio conyugal y se lleva los frutos del matrimonio, no tiene lugar en la sociedad: es una paria.” Éstas son las palabras con las que el hermano de su madre, el comandante Laisney, alude al abandono del hogar conyugal, frase que le sugiere el calificativo exacto para sí misma. De ahora en adelante, Flora sabe fehacientemente que será una paria.

Aline, su única hija, nació cuando Flora ya había abandonado al esposo y representó para ella el símbolo de su liberación. Por eso escribe: “te juro que lucharé por ti, que te haré un mundo mejor. Tú no serás ni esclava ni paria.” [3] Sin embargo, para Flora, la maternidad significa un accidente no deseado que entorpece su libertad; así, vivencia la gran obligación y responsabilidad que tienen las madres obreras que, sin medios para educar a sus propios hijos, son las únicas que se hacen cargo de ellos. Este aspecto de su vida personal desata la necesidad de escribir y participar en luchas colectivas a favor de la condición femenina y de los oprimidos sociales, plasmando en folletos y libros la vida de las mujeres pobres. En 1837, publica el opúsculo Petición para el reestablecimiento del divorcio, dirigida a los señores diputados. En sus trabajos denuncia cuán funcional resulta, al sistema social imperante, que las muchachas proletarias no sean enviadas a la escuela, ya que, formándose exclusivamente para las tareas domésticas, no tienen otro horizonte de vida más que el de servir o ser esposas y madres.

Por la educación de las mujeres

Las conquistas de la Revolución Francesa, de efímera existencia, fueron prontamente sustituidas por la monarquía borbónica restaurada. Derechos como el divorcio quedaron eliminados. La gran revolución estalla en 1789; pero, apenas cinco años después, empieza a declinar cuando se instaura la dictadura de Napoleón, que durará hasta 1815. Ésta es una época de prosperidad para la burguesía francesa, ya que el proceso de industrialización del país está en vías de transición, pasando de la manufactura al maquinismo; se transforma la técnica del tejido y de la hilandería. Una perfeccionada máquina de vapor permite instalar las fábricas en las ciudades, que hasta entonces sólo podían funcionar a orilla de ríos que proveyeran la energía necesaria. Así se va concentrando la riqueza en manos de la burguesía, propietarios de los medios técnicos y del capital.

La situación de la naciente clase obrera es el terreno en el cual surgen pensadores que formulan las nuevas teorías del socialismo utópico, que proyectan un nuevo tipo de sociedad basada en la cooperación mutua y en la que no existiría la explotación.[4] Saint Simon[5] y Fourier[6], a quienes Flora no conoce aún, ya han desarrollado los ejes fundamentales de su pensamiento.

A pesar de que Flora no tuvo una educación sistemática, adquirió conocimientos por sí misma. Las únicas lecturas de su adolescencia y los primeros años que siguieron a la separación de su marido, fueron novelas románticas y teatro. Pero, en 1825, después del nacimiento de su hija Aline, lee por primera vez otro tipo de literatura: llega a sus manos Vindicación de los Derechos de la Mujer, de Mary Wollstonecraft, que la impresiona profundamente.[7]

En esa época, el pensamiento filosófico mantenía una tensión entre los librepensadores economicistas que bregaban por la instauración del libre mercado y los socialistas, para quienes la educación era vital a los fines de conseguir un nuevo orden social. El idealismo que los impregna se hace patente en su consideración de que la mejoría del ser humano es la condición previa para una sociedad justa, pensamiento del que Flora se apropia al darse cuenta de la desventaja que supone para la mujer la carencia de educación. Aunque intuye que los mecanismos de opresión de los que se vale la clase dominante son de tipo económico, no llega a formular una teoría de la emancipación social y siempre está presente, en su obra, la importancia de la educación de las mujeres en el camino de la liberación.

De Lyon a Lima

En 1830, se produce en Francia la revolución de julio, instaurando una monarquía constitucional que, enseguida, otorga mayores libertades a la burguesía industrial, comercial y financiera permitiéndole enriquecerse más rápidamente. Al mismo tiempo, ataca a la clase obrera porque ya comenzaba a evidenciarse una débil, pero clara tendencia a la organización. En ese momento, Flora se une al pueblo, impresionada profundamente por la movilización popular. Un año después, estalla una insurrección obrera en las sederías de Lyon, una ciudad fabril que queda en manos de los trabajadores por varios días y donde tres años más tarde acontece otra revuelta. La doble insurrección lyonesa reveló, por primera vez, la importancia revolucionaria de la clase trabajadora que, aún en una sola ciudad, levantaba el estandarte de rebelión contra la burguesía, apuntando agudamente contra la causa de su miseria.

El 7 de abril de ese mismo año, Flora viaja a Perú, donde va a reclamar su herencia. Esta experiencia la marcará en forma indeleble. La travesía en barco dura más de cuatro meses, siendo la única mujer entre la tripulación. Aunque a su llegada a tierras americanas, su tío no la reconoce como heredera, en Lima experimentó las vivencias del dulce pasar de las limeñas adineradas y de las duras condiciones en que vivían las mujeres pobres -sirvientas, pordioseras, prostitutas. También conoció a las ravañas, mujeres de los pueblos originarios armadas que acompañaban a los soldados, llevando a cuestas a sus hijos, aprovisionándose en los pueblos -por la fuerza si era necesario- y que no pertenecían a ningún hombre en particular. Flora percibe en estas mujeres una forma de vivir radicalmente diferente a la de las mujeres que había conocido hasta entonces, lo que le plantea nuevos interrogantes sobre la naturaleza de los sentimientos femeninos. Y, simultáneamente, reafirma su idea de que la educación es el verdadero factor que logrará eliminar la desigualdad entre los sexos.

“Allá donde la ausencia de libertad se hace sentir, la felicidad no puede existir”[8]

A París regresó una Flora completamente distinta, en la que no quedaban casi rastros de ingenuidad y en la que las ideas socialistas y feministas se concretaron a través de una obra literaria y de acciones políticas -prácticas ambas irreverentes, en esa época, para una mujer. La estadía en Perú quedó plasmada en dos volúmenes. Peregrinaciones de una paria, dedicado a los peruanos y firmado por "vuestra amiga y compatriota”, diario de su viaje a América que fue publicado en 1838. Ya antes había escrito De la necesidad de dar buena acogida a las mujeres extranjeras, una crítica contra los prejuicios sociales que pesan sobre las mujeres solas. Por caso, analiza la situación de las mujeres trabajadoras en Francia e Inglaterra, constatando que la remuneración que reciben es mucho más baja que la de los varones por la misma labor. En 1842, escribe: “Los industriales, al ver a las obreras trabajar más a prisa y a mitad de precio, despiden cada día a los obreros de sus talleres y los reemplazan por obreras. Una vez que se entra en este camino, se despide a las mujeres para reemplazarlas por niños de doce años, finalmente se llega a no ocupar más que niños de siete u ocho años. Dejad pasar una injusticia, pero estad seguros de que engendrará miles de ellas.”[9] Según Flora, es el mismo opresor -el capitalista- el interesado en la explotación del proletariado y de la mujer. Por la lógica del capital, la mujer desplaza el ejército de reserva masculino debido a la menor retribución económica que recibe por el mismo trabajo. Ésta será una de las ideas que, posteriormente, Karl Marx desarrollará en su obra El Capital.

Sensibilizada -gracias a una particular mirada que le permitía alternar entre los frívolos círculos privilegiados, así como sumergirse con valentía en los ambientes más sórdidos-, hace suyos los desafíos que el socialismo utópico comenzaba a construir. A tal grado lleva su actividad, que las revistas de la época comienzan a publicar sus artículos en favor de los derechos de las mujeres, de los obreros, por el divorcio, contra el oscurantismo religioso, contra la esclavitud e, inclusive, por la abolición de la pena de muerte.

También viaja a Inglaterra, país en el que la Revolución Industrial se hallaba en su apogeo, donde los trabajadores vivían en condiciones paupérrimas, en ciudades sin servicios, hacinados, asolados por epidemias, agotados por jornadas extenuantes. Allí conoce lugares de espanto, no titubeando en disfrazarse de hombre para poder entrar a prostíbulos, manicomios y cárceles. Pero también visita el parlamento británico, las carreras hípicas y los clubes aristocráticos. A partir de esa experiencia, escribe Paseos por Londres, que publica en 1840, donde responsabiliza a la burguesía y al sistema capitalista de las condiciones de miseria en las que sobreviven hombres y niños, así como de las aún más terribles condiciones de existencia de las mujeres, muchas de las cuales están obligadas a prostituirse para poder sobrevivir. Y es aquí donde Flora concibe la idea de que los trabajadores y las trabajadoras son los únicos que pueden defenderse y luchar por mejorar esta situación. Así se dispara en ella la necesidad de publicar el pequeño pero importante trabajo Unión obrera en el que dice: “Obreros, durante doscientos años o más, los burgueses han luchado valerosa y descarnadamente contra los privilegios de la nobleza y por el triunfo de sus derechos. Pero, llegado el día de la victoria, aunque reconocieron la igualdad de derechos para todos, de hecho acapararon para ellos solos todos los beneficios y las ventajas de esta conquista.” [10]

El cambio social que propugnaba Flora debía ser pacífico y moral, inspirado en “el amor por la humanidad” y basado “en la educación, rescatando la generosidad y la solidaridad con los humildes.”[11] Pero, su idea de cambio desbordará las fronteras y tendrá un carácter internacional. En su folleto, Flora decía “nuestra patria debe ser el Universo.”[12] El instrumento de la transformación social sería ese ejército de trabajadores laico y pacífico, la Unión Obrera, donde hombres y mujeres participarían en un plano de absoluta igualdad y que, mediante la persuasión, la presión social y el uso de instituciones legales, iría transformando de raíz la sociedad. Al no encontrar editor que se animara a publicarlo decide, entonces, hacer una colecta entre sus amistades y así consigue que salga a la luz éste, que será su aporte para la organización de la clase trabajadora.

Ideológicamente, Flora se aleja de la posición de los socialistas utópicos que tanto influyeron en su formación, principalmente de las ideas que sustentaba Fourier acerca del papel de la mujer como trabajadora. El filósofo escribió que “aún siendo imprescindible la independencia económica de la mujer para su emancipación, no es ni posible ni aconsejable que en la sociedad del momento se le reconozca el derecho al trabajo, porque esto no haría más que empeorar la situación general del proletariado.”[13] En este aspecto, Flora más bien se adelanta a las ideas de su época: “Obreros, tratad de comprender bien esto: la ley que esclaviza a la mujer y la priva de instrucción, os oprime también a vosotros, hombres proletarios.”[14] Inclusive, por sus posiciones políticas y su lucha a favor de la emancipación del proletariado y las mujeres fue reivindicada en el libro La Sagrada Familia de Marx y Engels.

En el mismo año en que sale a la luz Unión Obrera, conoce a Ruge, el amigo de Marx, en una de las reuniones que se realizaban todos los domingos en su casa.[15] Durante el último año de la vida de Flora, ya en París y sufriendo una grave enfermedad, los obreros deciden efectuar una colecta para reeditar este libro que reaparece con un pequeño prólogo de Ruge. Pero sus últimos días no los podrá pasar tranquila, ya que intentan desalojarla de su casa, alegando que es la instigadora de una huelga obrera.

Flora Tristán fue una mujer que se adelantó como ninguna en la lucha por la causa de las mujeres y por los derechos de los trabajadores del mundo, porque vio indisolublemente ligadas las tareas de emancipación de la mujer y del proletariado: “El hombre más oprimido puede oprimir a otro ser, que es su mujer. La mujer es la proletaria del proletario.” [16] Se dirigió al proletariado para que libere a las mujeres de su esclavitud atávica, al mismo tiempo que se libera a sí mismo de la opresión social capitalista. Como dijo el poeta Andrè Breton: “Acaso no haya destino femenino que deje, en el firmamento del espíritu, una semilla tan larga y luminosa.” [17]

[1] Citada por E. Thomas en Les Femmes en 1848.

[2] Feminismo y Utopía, de Yolanda Marco.

[3] íd.

[4] Los socialistas utópicos fueron críticos de la sociedad burguesa, de la que captaron los rasgos esenciales de su evolución y sus contradicciones, anticipando de las transformaciones necesarias para el advenimiento de una sociedad sin clases. Marx y Engels recuperaron algunas de sus ideas y las desarrollaron científicamente. No obstante el socialismo utópico está marcado por profundas contradicciones: exageran la importancia de la educación y la razón en la conquista de la equidad social, son pacifistas, apelan a las clases superiores como medio para cambiar la situación de la clase trabajadora y no incorporan en su análisis la crítica de la economía política clásica.

[5] Saint-Simon (1760 - 1825): Historiador y teórico político socialista francés. Participó en la Revolución Francesa y fue nombrado presidente de la Comuna de París en 1792. En 1821 escribió El sistema industrial y, en 1825, Nuevo cristianismo. Propugnaba la idea de que la propiedad privada sería buena en cuanto cada individuo recibiera su retribución en función de su capacidad. A su parecer, el primer objetivo político del Estado tenía que ser el desarrollo de la producción, por lo que su gobierno debía estar constituido por industriales, entre los que consideraba a los obreros, los campesinos y los propietarios. También proclamaba la abolición de los derechos hereditarios y la formación de una asociación cuya función fuera impedir la guerra.

[6] Charles Fourier (1772 - 1837): Pensador socialista francés, pionero en la crítica sistemática de la nueva sociedad capitalista. Atribuyó a la mala organización del intercambio muchos males del mundo moderno y propuso un nuevo sistema de organización social basado en la libre asociación en comunidades cooperativas de producción y consumo donde regiría la armonía social. Entre sus obras se destacan Tratado de la asociación doméstica y agrícola, El nuevo mundo industrial y La falsa industria.

[7] Mary Wallstonecraft (1759-1797): Nació en Inglaterra, hija de un padre alcohólico, en una familia de escasos medios. Tuvo que desempeñar diversos oficios para ganarse la vida, incluidos los de niñera y señorita de compañía. Tras publicar una novela y un libro de historias para niños, en 1792, publicó Vindicación de los Derechos de la Mujer, donde denuncia la situación de la mujer en la sociedad. Defendió la Revolución Francesa y frecuentó a los girondinos. Otras de sus obras son Reflexiones sobre la Revolución Francesa, Cartas de Noruega y una novela póstuma Mary o la desgracia de ser mujer.

[8] Unión Obrera, de Flora Tristán

[9] íd.

[10] Ibíd.

[11] Ibíd.

[12] Ibíd.

[13] Citado en Yolanda Marco, op.cit.

[14] Flora Tristán, op.cit.

[15] Arnold Ruge (1802 - 1880): Político y filósofo alemán. Por su activismo político fue encarcelado entre 1824 y 1830, teniendo que refugiarse en Francia e Inglaterra. Fue profesor en Halle (1832) y publicó los Annales Franco Alemanes, junto a su amigo Karl Marx. Además de numerosos artículos, escribió sus memorias en Recuerdos del tiempo pasado.

[16] Flora Tristán, op.cit.

[17] Citado por Mario Vargas Llosa en La odisea de Flora Tristán.

Pen Pi Lan

Luchadoras. Historias de mujeres que hicieron historia

Pen Pi Lan

Por Bárbara Funes


"El movimiento de liberación femenino chino surgió como una lucha de emancipación de las tradiciones feudales y como parte de la revolución nacional. Muchas mujeres se hicieron revolucionarias y se convirtieron en líderes como resultado de sus experiencias en la lucha." [1] Pen Pi Lan

Hace cientos de años existía un enorme y bello país gobernado por un príncipe llamado Li Yu[2]. Como todos los aristócratas, él tenía una esposa y numerosas concubinas. Pero su preferida era Yaoning, una joven a quien obligaba a danzar imitando la imagen de la flor de loto. Para poder complacer a su señor y reproducir la gracia de esa flor, la esposa y las concubinas tomaron los frescos pies de Yaoning y doblaron sus dedos hasta que tocaron las plantas. La joven lloraba de dolor, pero nada podía hacer: los deseos de Li Yu eran órdenes y no cumplirlos era penado con la muerte. Las mujeres vendaron sus pies día tras día, año tras año, para que no crecieran y Yaoning pudiera danzar como la flor de loto mecida en el viento.

Esta tortura se aplicó desde entonces en China a las mujeres de todas las clases sociales. Las madres quebraban los pies de sus hijas y el proceso de vendaje duraba hasta quince años. Esta operación volvía a las jóvenes un fetiche y un objeto de amor. Después del matrimonio, los pies tullidos constituían una prueba clara de la capacidad de sufrimiento y obediencia de las mujeres.

El poder político en China, desde la sociedad esclavista en adelante, estaba estrechamente ligado al control de las mujeres, las que no podían ejercer derecho de propiedad alguno, ni tenían poder de decisión independiente en ninguna cuestión que afectara a la familia o al clan. Una mujer estaba sometida de por vida: a sus padres, a los padres de su esposo, a su esposo y a su hijo. Los matrimonios eran arreglados por los jefes de las familias sin intervención ni del hombre ni de la mujer en la decisión. Luego del arreglo, la familia del novio pagaba una dote a la familia de la novia por el costo de haberla mantenido hasta el momento de la boda.

Estos elementos muestran a las claras que la opresión de las mujeres en la sociedad china era uno de los problemas estructurales del país. Poner en cuestión las condiciones de vida de las mujeres implicaba un enfrentamiento radical con las clases dominantes. Por eso, desde temprano el movimiento de mujeres en China estuvo estrechamente ligado con el movimiento revolucionario.

La lucha contra la opresión gana las calles de las ciudades chinas

Hubo batallones especiales de mujeres en el ejército de Taiping durante la rebelión que éste encabezó entre 1851 y 1864[3] y también entre los Boxers durante la rebelión de 1900[4]. Las mujeres también fueron parte del Movimiento Reformista de 1898[5], exigiendo, entre otras cosas, el derecho a educación y a dejar de vendarse los pies. Las reformas propuestas por Sun Yat-sen[6], líder de la naciente burguesía atrajeron numerosas mujeres. Entre ellas se destacó como pionera Chiu Jaen.

Chiu provenía de una familia de funcionarios y su esposo, elegido para ella por su padre cuando sólo tenía dieciocho años, era un mandarín. Luego de aprender de su esposo acerca de los ideales democráticos, Chiu se divorció y viajó a Japón a estudiar. En 1905 regresó a China, se unió al partido de Sun Yat-sen y participó en la primera revolución contra la dinastía Manchú. Durante ese período, Chiu publicó una revista de mujeres donde abogaba por la igualdad de derechos, la liberación de los pies de las jóvenes, la libertad de las mujeres para elegir esposo y la abolición de la “castidad unilateral.” [7] Chiu Jaen fue la fundadora del movimiento de mujeres en China y fue una gran revolucionaria. Organizó el “Ejército de Restauración” en Chekiang, intentando asesinar al gobernador. Fue arrestada y decapitada en 1907 por la dinastía Manchú, cuando tenía treinta tres años.

La primera Revolución China: de las sufragistas a las comunistas

La historia moderna de China comienza con una revolución burguesa fallida. Cae el último emperador de la dinastía Manchú, pero la oligarquía financiera y la burguesía nacional demuestran una vez más que prefieren ser pequeños parásitos de los capitales extranjeros antes que ser desbordados y eventualmente dominados por las masas populares. La unidad territorial de China es fragmentada entre los señores de la guerra con poder territorial y la instauración de un gobierno nacionalista en las zonas costeras del sur. Las potencias imperialistas estaban detrás de esta fragmentación. Japón, Inglaterra, Francia y en menor medida EE. UU., se disputaban el dominio del país durante el trascurso de la Primera Guerra Mundial. China había delegado en las empresas extranjeras numerosos derechos sobre su soberanía. Las tropas imperialistas tenían libertad de movimiento y permanencia para resguardar sus propiedades. Esto implicaba la renuncia a la soberanía sobre los puertos y medios de transporte por parte de China. La dependencia que ataba a la nación con los capitales extranjeros llevaron al dirigente nacionalista Sun Yat-sen a afirmar que China era lacaya de todas las naciones. La independencia nacional y la revolución agraria, una necesidad vital para los millones de campesinos pobres quedaron irresueltas. La unidad nacional era un trofeo a conquistar.

Batallones de mujeres fueron organizados durante la revolución de 1911, cuyas demandas eran el derecho a la educación para las mujeres, derecho a “tener amigos” para elegir libremente con quien casarse y participar en el gobierno. Después del establecimiento de la República en 1912, surgió un nuevo movimiento: el feminismo militante. Las mujeres no solamente participaban de los alzamientos populares sino que decidieron darse una organización propia para luchar por sus demandas. Fueron influenciadas por las sufragistas occidentales.[8] Este movimiento se dio centralmente en las ciudades. Su militancia alcanzó cierto desarrollo cuando algunas feministas y sus seguidoras irrumpieron en el parlamento de la república en 1913, destrozando ventanas e insultando a varios guardias, recreando las acciones realizadas antes por las sufragistas inglesas. El movimiento de liberación femenino chino comenzó a ser verdaderamente tal alrededor de 1916. Fue influenciado por una revista llamada “Nueva Juventud”, publicada por Chen Tu-hsiu[9], quien luego sería uno de los fundadores del Partido Comunista Chino (PCCh). Esta revista proponía ideales democrático-radicales contra las tradiciones del feudalismo. Destacó mucho la cuestión de la emancipación de las mujeres. Con el alzamiento de las masas conocido como “Movimiento 4 de Mayo” en 1919 una oleada de democracia recorrió el país. Todos los problemas de la emancipación de las mujeres fueron entusiastamente discutidos en muchas de las nuevas revistas. Se formó una coordinadora entre los grupos feministas para planear el curso de acción en el movimiento. Participaban el Shangai Social Club por el sufragio femenino, la Sociedad de Mujeres, la Alianza Femenina, la Organización de Mujeres por la Paz y la Sociedad de Ciudadanas; elaboraron listas de objetivos que serían adoptados durante la manifestación del 4 de mayo de 1919. La emancipación de las mujeres fue apoyada por toda la juventud de este movimiento. Bajo la influencia de la Revolución Rusa, la mayoría de los líderes del Movimiento 4 de Mayo pronto se hicieron socialistas y el movimiento por la emancipación de las mujeres comenzó a combinarse con el movimiento socialista.

En 1920, fue fundado el PCCh y muchas de las jóvenes radicalizadas se unieron a él y se convirtieron en dirigentes del movimiento de mujeres. La relación entre el joven partido y los distintos grupos feministas fue muy contradictoria. Aún cuando los dirigentes consideraban justas sus demandas de igualdad, criticaban a los grupos feministas integrados por mujeres de la ciudad bien educadas por considerarlas pro-occidentales, burguesas elitistas que no sabían buscar un camino a las mujeres trabajadoras y campesinas e ignoraban la necesidad de la revolución. Según el PCCh, estas feministas se concentraban demasiado en las políticas sexuales, identificando a los hombres como a los opresores más que atacar a las clases dominantes y al sistema capitalista como la causa central de la opresión de las mujeres.

La primera acción oficial del PCCh en este campo, en respuesta a la creciente solidaridad de las mujeres, fue crear una secretaría de la mujer en el segundo congreso del partido que tuvo lugar en 1922 con el objetivo de organizar y dirigir a las mujeres en la política revolucionaria. Este departamento estaba directamente dirigido por Hsing Ching-yu, una de las estudiantes reclutadas por Mao Tsé Tung[10] en Hunan y la única mujer en el Comité Central del PCCh. Esta organización incluía entre sus objetivos el derecho al voto para todos los trabajadores y campesinos, sin distinción de sexo, protección de las mujeres y los niños trabajadores, y la abolición de todas las restricciones para las mujeres. También levantaban el derecho a la autodeterminación en el matrimonio, igualdad entre esposa y esposo, iguales derechos para votar, tener un oficio y educación. Hsing contribuyó a unir las fuerzas de varias fracciones de mujeres provenientes de esos grupos al PCCh, canalizando un sector del movimiento en la senda revolucionaria. Ella fue ejecutada por el Kuomitang[11] en 1928 y fue recordada como la “Abuela de la Revolución”.

En esos tempranos días, la secretaría de la mujer concentró sus esfuerzos en organizar trabajadoras. La primera huelga de trabajadoras ocurrió en Shangai en veinticuatro fábricas de seda en 1922 cuando veinte mil mujeres detuvieron la producción exigiendo diez horas de trabajo diarias y el aumento de sueldo en cinco centavos por día. La primera manifestación de mujeres bajo la dirección del partido, tuvo lugar el 8 de marzo de 1924, en Cantón, donde un grupo de jóvenes estudiantes y trabajadoras levantaron las consignas: “Abajo el imperialismo”, “Abajo los señores de la guerra”, “A igual trabajo, igual salario”, “Protección para los niños trabajadores y las mujeres embarazadas”, “Igualdad en la educación”, “Abolición de las novias-niñas y de la poligamia”, “Prohibición de la venta de jóvenes esclavas y tomar concubinas”, “Por una ley de protección para la infancia”. Muchas fueron, entonces, las jóvenes que tomaron la senda de la revolución ingresando al PCCh. Entre ellas estaba Pen Pi Lan y ésta es su historia.

Florece una rosa en Oriente

Pen Pi Lan nació en 1902, en la provincia de Hupei. Su abuelo era un terrateniente. Su abuela, siguiendo las costumbres de la sociedad feudal, había matado a varias hijas recién nacidas porque las mujeres eran consideradas un problema y una fuente de gastos. Su padre fue un profesor que adhirió a las ideas liberales occidentales mientras estudiaba en Japón.

En 1921, cuando tenía diecinueve años estudiaba en un internado en Wuhan. Lee Han-chien, uno de los fundadores del PCCh, dio una conferencia en la que describió las diferentes posiciones de las mujeres en distintas sociedades, desde el comunismo primitivo, pasando por la sociedad feudal, el capitalismo y llegando a la futura sociedad socialista. Una de sus conclusiones fue que si las mujeres deseaban la igualdad con los hombres, debían tener independencia económica. Pero la lección más importante fue que para conquistar la emancipación de las mujeres es un prerrequisito indispensable un cambio profundo en el sistema capitalista. Solamente después de que la clase obrera se hubiera emancipado, las mujeres tendrían las condiciones materiales necesarias para liberarse de toda opresión.

La conferencia de Han-chien conmovió profundamente a Pen Pi Lan y a otras jóvenes estudiantes que decidieron luchar activamente por la emancipación de las mujeres. Organizaron una asociación de estudiantes y un club de discusión con el objetivo de dirigir los debates en el colegio, sobre la libertad de amar, la libertad de elegir con quien casarse y la educación mixta. Más tarde organizaron un grupo fuera de la escuela llamado “Sociedad de Mujeres Lectoras”, que atrajo muchas simpatizantes. También encabezaron una lucha contra el director del colegio, porque era muy conservador y defendía el espíritu de las tradiciones feudales, censurando sus correspondencias a familiares y amigos y prohibiéndoles cortarse el cabello. Esta lucha duró cerca de un año y acabó con la victoria de las jóvenes estudiantes.

A lo largo de ese mismo año, Pen Pi Lan y muchas de sus compañeras participaron en actividades de apoyo a las huelgas obreras en Hankow, dando discursos a los huelguistas para llevarles su solidaridad. Las estudiantes jugaron un rol decisivo en organizar la manifestación del 1º de mayo de 1922. Fue la manifestación más grande del día internacional de los trabajadores hasta ese momento en China. Por el papel que tuvieron en su organización, Pen Pi Lan y sus amigas fueron reclutadas por la Juventud Socialista, la rama juvenil del PCCh. Un año después, Pen Pi Lan ingresó al partido. A causa de la victoria sobre el director de su escuela y por el apoyo activo a las huelgas obreras, tuvieron mucha influencia sobre otros colegios, que más tarde les permitió sumar nuevas fuerzas al PCCh provenientes del movimiento estudiantil.

En 1924, Pen Pi Lan fue enviada por el PCCh a la Universidad Comunista de los Trabajadores del Oriente en Moscú, una escuela para formar cuadros revolucionarios de la Internacional Comunista[12]. Pero en 1925, el Comité Central del PCCh envió un telegrama a la universidad diciendo que la revolución se estaba iniciando y que algunos de los estudiantes más capaces deberían ser reenviados a China inmediatamente. Así Pen Pi Lan retornó a Shangai con siete de sus camaradas, a construir la historia de una de las gestas más heroicas y trágicas de la clase obrera internacional.

La Segunda Revolución China

En 1924, el Vº Congreso de la Internacional Comunista, liderada por Stalin[13] y Bujarin[14], llegó a la conclusión de que el enorme atraso de China[15] implicaba que las tareas democráticas fundamentales, la unificación y la liberación nacional de las cadenas del imperialismo, debían ser dirigidas por la burguesía nacional. Primero debía realizarse una “revolución democrática” que permitiera el desarrollo del capitalismo fronteras adentro hasta que se convirtiera en un país capitalista pleno para luego, en algún momento de la historia, la clase obrera pudiera plantearse dirigir el destino de ese país. Para esta "revolución nacional" afirmaban que era necesaria una alianza estratégica del proletariado con la que consideraban el ala "revolucionaria" de la burguesía agrupada en el Kuomitang, que en esos momentos se había distanciado respecto del imperialismo y estaba enfrentado con los dictatoriales regímenes de los señores de la guerra en la zona norte del país. De acuerdo a su punto de vista, la clase obrera debía compartir el poder con la burguesía china en un gobierno revolucionario “común”. Así entendían la consigna de Lenin de “dictadura democrática de obreros y campesinos”[16], que éste había desarrollado en sentido contrario: la alianza del proletariado y el campesinado contra la burguesía liberal. Mientras Lenin, al calor de las Revolución Rusa de febrero de 1917[17] había superado ya esta consigna en sus Tesis de Abril[18], Stalin y Bujarin la utilizaban para encubrir su política de conciliación de clases. En consonancia con esa concepción teórica-política, ordenaron la incorporación del PCCh al Kuomintang. Y fueron las voces chillones de Stalin y Bujarin quienes proclamaron esas novísimas verdades.

En China convivían, al igual que en Rusia, las explotaciones extensivas del campo y relaciones feudales con ciudades donde florecían las grandes industrias concentrando a miles de obreras y obreros, como Shangai. Estas condiciones objetivas junto con la existencia de un joven proletariado concentrado en las ciudades hacían que en China las posibilidades reales de resolver las tareas nacionales, que eran la unificación nacional, la liberación nacional, la reforma agraria y los derechos democráticos en general, estuvieran en manos de la clase obrera, al igual que en Rusia en 1917. Ésta era la opinión de Pen Pi Lan y la de otros jóvenes del PCCh como Peng Shu Tsé[19], un miembro del Comité Central a quien conoció ya de regreso en Shangai y que fue su compañero de por vida.

El joven PCCh fue muy condicionado por la Internacional Comunista. Al aceptar la orden de subordinarse al Kuomitang, sellaron un destino trágico para la clase obrera china y la revolución mundial. Pen Pi Lan nos cuenta en “Mis años con Peng Shu Tsé” que al haber aceptado esta orden los dirigentes del partido cambiaron de posición y se orientaron hacia la derecha. Mao Tsé Tung, por ejemplo, en un artículo titulado “El golpe de estado de Pekín y los mercados” empujaba a los mercados, es decir, a la burguesía a “sublevarse y colaborar con ellos en Shangai para hacer avanzar a la revolución. Cuanto más grande fuera la unidad de los mercados, más fuerte será su capacidad para dirigir a las masas en todo el país, y más corto será el tiempo necesario para el éxito de la revolución.”[20] Así revelaban el curso que tomarían en los años porvenir.

En 1925, Pen Pi Lan y Peng Shu Tsé decidieron irse a vivir juntos y compartir sus vidas dedicadas a la revolución. Ella fue miembro del Comité Regional de Shangai del PCCh y estuvo a cargo de la secretaría de la mujer desde 1925 a 1927. Junto a otras camaradas organizaron la Federación de Mujeres de Shangai, en la que participaban estudiantes, docentes, trabajadoras y profesionales. Publicaron una revista mensual llamada Mujeres Chinas, de la cual fue la editora. En esa publicación explicaban cómo la lucha por la emancipación de las mujeres estaba estrechamente relacionada con la liberación nacional contra el imperialismo y los señores de la guerra y cómo la emancipación real de las mujeres no podría ganarse sin el triunfo de la revolución socialista. Pen Pi Lan escribió un artículo llamado “La Revolución de Octubre en Rusia y las mujeres chinas” publicado en la misma revista, donde explicaba que la revolución china tendría que seguir el camino tomado por la Revolución Rusa y solamente por esa vía socialista podrían las mujeres conquistar las condiciones materiales para su verdadera emancipación de la vieja sociedad.

En ese momento el trabajo más importante que estaban encarando era la organización y educación de obreras en Shangai. Había miles de trabajadoras en las fábricas textiles y en las de cigarrillos. Pen Pi Lan y sus camaradas crearon escuelas nocturnas para las trabajadoras. Tenían reuniones para discutir problemas específicos de las obreras, como por ejemplo, el hecho de que tenían licencia por maternidad una sola semana sin goce de sueldo y a veces, eran tan brutalmente explotadas que daban a luz en las mismas fábricas. También discutían cuestiones concernientes al conjunto de la clase obrera y la revolución socialista, así como la necesidad de organizar sindicatos y participar en actividades revolucionarias. Ayudaban a las trabajadoras a organizar los sindicatos de las industrias del algodón, la seda y los cigarrillos. En ocasiones, hicieron manifestaciones de miles de obreras bajo la bandera de la Federación de Mujeres de Shangai, en las que hubo escaramuzas entre las manifestantes y la policía y el ejército. Cuando comenzaba una lucha, las integrantes de la federación se ponían al frente, desafiando al enemigo con las banderas rojas flameando en el viento, demostrando mayor bravura que los varones. A través de una entrevista publicada en New International, nos llega la voz de Pen Pi Lan: “Una vez parecía que los policías y los soldados iban a iniciar la represión armada en una manifestación y algunas de las intelectuales les dieron discursos, tratando de convencerlos de que no reprimieran. Otras veces hacíamos retroceder a los soldados y entonces las trabajadoras nos seguían para atacarlos. Durante la insurrección armada en Shangai las obreras fueron responsables del transporte de armas, rifles y mensajes secretos. En estas tareas muchas trabajadoras demostraron su valentía y su abnegación”[21]

Del boicot comercial contra las empresas inglesas a la insurrección obrera de Shangai

Transcurría junio de 1925 cuando el gobierno de Cantón lanzó una campaña por el boicot comercial a las compañías de origen inglés. Lo que surgió inicialmente con un simbólico “no compre inglés” es reinterpretado por la clase obrera de Shangai que declaró la huelga general contra las compañías inglesas. Jugándose la vida, ya que los ferrocarriles y la marina mercante eran propiedad inglesa, los trabajadores de los ferrocarriles y los marinos mantienen su lucha. El movimiento huelguístico se extiende a otras ciudades importantes como Hong Kong. Fueron fuente de inspiración de toda la clase obrera china, incitándola a la huelga y el combate revolucionario. Incluso organizaron los primeros sindicatos campesinos, con miras a sumar fuerzas.

El fuego se extiende a las compañías e industrias "nacionales" y los campesinos se agitan contra los terratenientes. Estos hechos dan por tierra con toda ilusión de conciliación de clases pacífica y cortan bruscamente el período de alianza entre el PCCh y la burguesía nacionalista. Aterrorizados por la fuerza de la clase obrera, los líderes del Kuomitang conspiran para aplastar la tendencia de las masas a intentar resolver sus propios problemas mediante la acción directa y a la independencia de sus demandas. Para eso definen subordinar aun más al PCCh a su propio interés e intentar la derrota de la clase obrera en las calles.

Por su parte el PCCh, subordinado a la dirección del Kuomitang, estaba impedido de realizar una agitación independiente por la consigna de la reforma agraria, la única mediante la cual la clase obrera podía establecer una alianza revolucionaria con el campesinado sobre la base de sus intereses materiales concretos.

En 1926 el Kuomitang, dirigido por Chiang Kai Chek preparó una expedición militar sobre la zona del norte de China con el fin de unificar la nación. Cada triunfo militar de la "Expedición del Norte" hizo evidente los antagonismos entre la burguesía y las masas de los obreros y campesinos. Estos últimos, que espontáneamente se alzaban asesinando a los señores de la tierra y a los administradores, suprimiendo las rentas, etc. fueron fusilados por revoltosos. Y fue ese mismo año que Stalin nombra “presidente honorario” de la Internacional Comunista a Chiang Kai Shenk. El Comité de huelga de Shangai llamó un paro general el 19 de febrero de 1927: millares de trabajadoras y trabajadores, artesanos y comerciantes fueron a la huelga y piquetes de obreros armados se batieron en las calles de Shangai, llegando a dominar la ciudad. Pero el PCCh, por orden de Moscú, los obligó a entregar las armas. Las tropas nacionalistas llegan a Shangai y el 12 de abril de 1927 Chiang ordena la represión. Cinco mil personas, entre comunistas, obreros, obreras y feministas, fueron fusilados a sangre fría esa madrugada y los cuerpos de los muertos y los heridos fueron arrojados a las calderas de las locomotoras. Así ardió la energía revolucionaria de la vanguardia obrera y popular de Shangai. El jefe del Comité de huelga de Shangai fue torturado y asesinado. Ya en 1927 la Internacional Comunista se manchó las manos de sangre obrera.

El Kuomitang prohibió las huelgas y los sindicatos. El terror se extendió como una sombra por China. Chiang Kai Shenk ya había negociado la unificación con los señores de la guerra. La “revolución nacional” se transformaba en contrarrevolución burguesa. La Internacional Comunista bajo el mando de Stalin ordena, sin embargo, al PCCh continuar en el seno del Kuomitang. La directiva es integrarse al nuevo gobierno junto al ala “izquierda” del Kuomitang, enfrentada con Chang Kai Chek, en el cual dirigentes del PCCh ocupan las carteras de Agricultura y Trabajo, inaugurando la táctica del frente popular[22]. De nuevo la burguesía "de izquierda" reprimió duramente al movimiento revolucionario. Entonces, un viraje radical es iniciado por Stalin y la Internacional Comunista. Ésta decreta que el período de la dictadura democrática de obreros y campesinos ha pasado y que estaba planteada inmediatamente la toma del poder, en momentos en que ya se avizoraba el retroceso del proletariado de las ciudades.

La clase obrera y los comunistas de Cantón, sin embargo, se alzan el 11 de diciembre contra el Kuomitang y toman el control de la ciudad. Finalmente el alzamiento es derrotado producto del aislamiento a que la misma política previa de la Internacional Comunista había conducido a los obreros. A pesar del aventurerismo de su dirección los obreros de Cantón dejaron importantes lecciones, de las que el gran dirigente revolucionario León Trotsky supo extraer importantes conclusiones, señalando: “El programa incluía no sólo la confiscación de cualquier propiedad feudal que aún existiera en China; no sólo el control obrero de la producción, sino también la nacionalización de la gran industria, la banca y el transporte, así como la confiscación de las viviendas burguesas y todas sus propiedades para uso de los trabajadores.", concluyendo "Surge la duda. Si tales son los métodos de una revolución burguesa ¿qué aspecto tendría la revolución socialista en China?”[23]

El surgimiento de la Oposición de Izquierda

Ya en 1926 duras crisis golpeaban en sectores del joven PCCh. El 20 de marzo de ese año Chiang Kai Shek da un golpe de estado en Cantón. La regional del PCCh establecida en Shangai debatió profundamente las consecuencias de la política del Kuomitang y propusieron rediscutir la colaboración con dicho partido. Los hechos recientes demostraban claramente el carácter reaccionario de la burguesía y su hostilidad manifiesta hacia el proletariado.

Peng Shu Tse, el compañero de Pen Pi Lan, a través de un minucioso estudio de las características de China desde la óptica del marxismo revolucionario escribió un artículo titulado “¿Se aplica el leninismo a las especificidades nacionales de China?” donde reconocía que “ la revolución china es actualmente una revolución nacional democrática, pero que esta revolución no se limita para nada a los ideales nacionales y democráticos: se transforma gradualmente en una revolución socialista.”[24]

Para el Vº Congreso de la Internacional Comunista, Trotsky propuso que el PCCh se separara del Kuomitang para que la clase obrera tuviera un programa independiente. Pero fue su última intervención pública. Stalin y sus secuaces bloquearon sus propuestas, escondiéndolas inclusive ante los militantes del PCCh.

Sin tener acceso a los escritos de Trotsky y mucho menos a las propuestas que éste había formulado con respecto a China, Peng Shu Tsé, Chen Tu Hsiu y Pen Pi Lan, luego de la masacre de Cantón, propusieron la ruptura con el Kuomitang. La respuesta fue la expulsión de Peng Shu Tse del Comité Central. El “ala izquierda del Kuomitang” golpeó con su “gran purga anticomunista” el 14 de julio de 1927. Chen Tu Hsiu renunció a su cargo de secretario general del PCCh.

A nivel de la organización, la línea de la Internacional Comunista no solamente desarmaba políticamente a los militantes, sino que incluso los exponía a riesgo de muerte. Bajo el terror del Kuomitang, los revolucionarios que dedicaban su vida al partido, si disentían de la línea oficial, se veían privados de recursos. En muchos casos habían cortado relaciones con sus familias y amigos, con lo cual no podían esperar ayuda de nadie. Y los que eran conocidos públicamente como comunistas no tenían chances de encontrar un trabajo. Esta situación fue vilmente explotada por la Comitern para mantener el control del PCCh.

Pen Pi Lan, su compañero Peng Shu Tsé y su hija de seis meses vivieron momentos muy duros por defender sus convicciones. La revolución por la que lucharon desde su temprana juventud cada día moría un poco con la masacre de los heroicos obreros y campesinos, con el asesinato de sus camaradas ante su mirada impotente. Casi no tenían recursos para mantenerse. Y la dirección del PCCh los mantenía en el aislamiento político.

En 1929 un grupo de estudiantes llegó de Moscú y tuvieron una larga entrevista con Peng Shu Tse. Así se enteraron de la lucha de la Oposición de Izquierda en la Unión Soviética y del análisis y las propuestas de Trosky sobre la segunda Revolución China. Fue así que bajo la dirección de Peng y Chen y con la colaboración de Pen Pi Lan se reagruparon los militantes que disentían con la política aventurera que había adoptado el partido. Exigieron al Comité Central la apertura de una discusión para hacer un balance de la derrota de la revolución y las tareas que tenían planteadas, así como la publicación de los textos de Trotsky sobre la Revolución China.

En dos meses Peng Shu Tsé, Chen Tu Hsiu y Pen Pi Lan reunieron a cincuenta revolucionarios abnegados que estaban dispuestos a defender y difundir la postura de la Oposición de Izquierda. Publicaron una revista llamada El proletariado y un libro que incluía los principales textos elaborados hasta ese momento por Trotsky. Al poco tiempo, uno a uno fueron expulsados del partido por orden de la Internacional Comunista. Otros valiosos dirigentes, sobrevivientes de la derrota de la revolución y de la debacle de la política del Tercer Período[25] se unieron a la Oposición de Izquierda.

En mayo de 1931, varios de los dirigentes fueron detenidos por las autoridades militares de Shangai. Algún traidor los había entregado. Pen Pi Lan, Peng Shu Tsé y su pequeña hija escaparon por pocas horas, teniendo que abandonar su hogar y todas sus pertenencias para salvar la vida.

Los derechos de las mujeres bajo la dictadura del Kuomitang

Apenas despuntó la segunda Revolución China, en el campo el movimiento por la emancipación de las mujeres fue una chispa que encendió una llama muy poderosa. Cuando el PCCh estableció las asociaciones de campesinos, la cuestión de la mujer surgió a flor de piel. Algunas mujeres fueron a las asociaciones campesinas y acusaron a sus esposos de oprimirlas. Otras hicieron las mismas acusaciones a sus suegras. En algunas aldeas las asociaciones de mujeres fueron organizadas para ayudar a reajustar las relaciones familiares. En los primeros tiempos numerosos divorcios surgieron en el campo, iniciados por las mujeres.

En 1927 el PCCh contaba con sesenta mil miembros aproximadamente. Comparado con la población total de China era muy pequeño, pero sus militantes eran respetados líderes de todas las organizaciones de masas, los sindicatos, las organizaciones estudiantiles, las asociaciones campesinas y las organizaciones de mujeres. Ante la segunda Revolución China tenían la posibilidad de jugar un rol dirigente y la responsabilidad de brindar a la clase obrera un programa que resolviera los grandes problemas nacionales y le permitiera acaudillar a los sectores oprimidos de la sociedad. El PCCh se convirtió en la dirección del movimiento de mujeres al igual que del resto de los movimientos que luchaban contra el imperialismo y las tradiciones feudales.

La política oportunista impuesta por Stalin tuvo durísimas consecuencias para la segunda revolución china y en tanto parte de ese ascenso revolucionario el movimiento de mujeres fue aplastado. No obstante, las mujeres conquistaron algunos derechos por los que tanto habían luchado. El gobierno de Chiang Kai Shenk fue forzado a otorgar a las mujeres el derecho a la propiedad, a votar y la libertad para casarse y divorciarse. ¿Esto convertía en progresiva a la burguesía china y a su partido? No. Ayer habían asesinado a sangre fría a miles de hombres y mujeres que luchaban por la revolución. No se trataba más que de cerrar un frente de batalla. Por supuesto que esta igualdad legal estuvo lejos de ser aplicada. Se trataba de concesiones jurídicas meramente formales. Millones de campesinas vivían aún oprimidas por las tradiciones. La sección “Ley de Familia” en el Código civil del Kuomitang sostenía el principio de la igualdad de los sexos y su conclusión era que el matrimonio y el divorcio debían ser por mutuo consentimiento; sin embargo, esta ley existía solamente en los papeles, porque un cambio de estas características no podía hacerse efectivo a menos que estuviera acompañado por una lucha genuina contra las tradiciones feudales, cuestión que el Kuomitang era incapaz de hacer ya que tenía como aliados a algunos señores de la guerra.

El PCCh, al apostar todas las fichas por una clase heterogénea como el campesinado[26] y sin hacer ningún balance serio del costo político de su subordinación al Kuomitang, adelantó la disolución de una estrategia obrera revolucionaria. El campesinado tenía planteada la lucha por el poder político, que en ese momento pertenecía a una alianza de clases reaccionaria entre los señores de la guerra y el Kuomitang.

Las mujeres entre la guerra civil y la guerra nacional

Una importante parte del PCCh comenzó a poner en cuestión la utilidad de su estrategia de la insurrección urbana basada en el modelo de los soviets y centró su atención en el campesinado y en las mujeres campesinas. La derrota de la lucha de los trabajadores de Shangai, las masacres perpetradas por el Kuomitang en Nanking, Cantón y en otros lugares, la derrota de los levantamientos en Nanchang, el levantamiento de la cosecha de otoño, etc.- todos tuvieron lugar en 1927-llevaron a Mao Tse Tung, Chu Teh y otros a reunirse en las Montañas Chingkang a establecer áreas de base cubriendo las provincias de Hunan, Kiangsi y Fukien en el sudeste central de China.

La principal tarea del partido y del Ejército Rojo en las “bases rojas” fue combatir la dirección del Kuomitang de las campañas de “rodeo y supresión”, y durante todo el período del soviet de Kiangsi (1929-34), las mujeres en las bases rojas estuvieron en la retaguardia apoyando la guerra. Aunque en general no hubo participación directa de ellas en el combate, existieron algunas excepciones. Kang Ke-ching se unió al Ejército Rojo en el oeste de Kiangsi en 1928 y más tarde se casó con Chu The. Hubo alrededor de cien mujeres jóvenes que fueron a Kiangsi con el Ejército Rojo. Una unidad de combate regular de mujeres estuvo también activa en Szechuan, y más tarde se unió al ejército de Chang Kuo-Tao en la “Larga Marcha”.

La secretaría de la mujer del PCCh, que había abogado por los derechos de las mujeres en el plano teórico por un largo tiempo, estaba ahora en condiciones de implementar una política concreta después de que el partido y el ejército Rojo ganaran las áreas de base en las montañas Chingkang. Sin embargo, por regla general, negaron a las mujeres los puestos de vanguardia en los combates contra el Kuomitang y los señores de la guerra, restringiéndolas a cuidar a los niños, a atender a los heridos, a cocinar y a fregar.

En 1931 Japón invadió Manchuria, donde desmanteló prácticamente toda la industria, y al año siguiente Shangai. Se desarrolló un nuevo movimiento antiimperialista como respuesta a la opresión imperial japonesa, que cuestionó duramente al Kuomitang por su política de no resistencia. Chiang Kai Shenk inmortalizó su política con estas palabras: “Los japoneses son una enfermedad de la piel, los comunistas del corazón”.

Entre 1930 y 1933 Chiang Kai Shenk organizó cuatro expediciones contra las bases rojas, que fueron resistidas por los comunistas amparados por los campesinos y las montañas. Para 1934, el Kuomitang reunió quinientos mil hombres apoyados por quinientos aviones para destruir al PCCh, mientras no hacía absolutamente nada para combatir la invasión japonesa.

En este período la Liga Comunista China, de la cual Pen Pi Lan fue una de sus fundadoras, por primera vez publicó un semanario denominado “La marea creciente”, donde llamaban al armamento de las masas contra el imperialismo. Lograron conquistar una gran influencia entre los estudiantes y la clase obrera.

Un movimiento antiimperialista contra el ocupante japonés se desarrollaba en las ciudades y abría la posibilidad de que el Ejército Rojo pudiera huir del cerco nacionalista. El gobierno del Kuomintang estaba muy desprestigiado por su política pasiva y dócil con la ocupación japonesa. A pesar de estas circunstancias, el PCCh dará un nuevo giro: levantó la unidad política con la burguesía nacionalista proponiéndole la conformación de un Frente Único Antijaponés, abandonando la lucha por la reforma agraria ya que ésta atacaba los intereses directos de los generales del Kuomintang entre los que se encontraban grandes terratenientes.

El PCCh organizó la retirada a otra base de operaciones: es lo que se conoce como la Larga Marcha, que llevó al Ejército Rojo de Kiangsi, integrado por más de cien mil almas al Noroeste luego de recorrer diez mil kilómetros a pie. Sólo llegaron nueve mil personas al cabo de un año. En enero de 1935 el PCCh eligió como secretario general a Mao Tse Tung. Para éste, la “contradicción principal” era el imperialismo japonés, mientras que la “contradicción” con la burguesía nacional e incluso con las antiguas clases feudales, eran secundarias.[27]

Mientras tanto el PCCh expulsó también a muchos militantes que querían la unificación de todos los comunistas en dicha organización. Una vez, alrededor de veinte militantes, privados de recursos financieros del PCCh, se reunieron en un hotel muy humilde y fueron todos arrestados y fusilados. Hechos como estos ocurrían a diario. El PCCh atravesaba una crisis muy profunda y muchos militantes renunciaron, y se abrieron a escuchar las ideas del trotskismo. Cientos de militantes obreros, carteros, trabajadores de la central eléctrica y trabajadoras y trabajadores textiles se unieron a la Liga Comunista China de Pen Pi Lan.

Fue así que esta joven organización conquistó una importante influencia entre la clase obrera de Shangai, así como en Pekín, Wuhan, Nankin, Kwantung y Hong Kong. Bajo terribles condiciones, en la ilegalidad, Pen Pi Lan y sus compañeros editaron una revista llamada “La fuerza motriz” y tradujeron numerosas obras de Marx y Lenin y algunos escritos de Trotsky al chino. La experiencia les había enseñado a estos jóvenes revolucionarios que para luchar por el fin de la explotación del hombre por el hombre era imprescindible tener una profunda formación marxista revolucionaria. Para los revolucionarios de todo el mundo y en particular para los chinos, la tarea del momento era reagrupar fuerzas y analizar las lecciones de la derrota, para que esa experiencia sirviera a las nuevas generaciones en la lucha por el socialismo.

En 1932, la Liga comunista china sufrió un nuevo embate de la contrarrevolución: diez dirigentes fueron arrestados, entre ellos Peng y Chen. A los pocos días, los principales militantes que habían roto recientemente con el PCCh fueron arrestados, y como consecuencia de eso la mayoría de los grupos obreros destruidos. Algunos de los intelectuales que escaparon al arresto se desmoralizaron y abandonaron la lucha revolucionaria.

Bajo el terror blanco, las mujeres revolucionarias, especialmente las que eran reconocidas públicamente como comunistas, no podían actuar legalmente. Ya antes del arresto de Peng, Pen Pi Lan, su compañero y sus dos hijos pasaban grandes penurias económicas: apenas tenían para comer y casi nunca tenían dinero para pagar el tranvía y entonces hacían todos los viajes a pie. Luego del arresto de Peng, que habría de durar cinco largos años, la situación empeoró. Pen Pi Lan debió enfrentar el aislamiento político. Al mismo tiempo, no quería dejar morir de hambre a sus hijos, ni renunciar a la militancia revolucionaria, por lo que debía ser sumamente cuidadosa al aceptar la ayuda que le ofrecían. Los stalinistas para ganar su apoyo hasta le consiguieron trabajo. Pero tan pronto como Pen Pi Lan les explicó que ella no iba a renunciar a sus convicciones, la dejaron de lado.

Bajo esas condiciones, Pen Pi Lan se abocó a un estudio serio y sistemático de la cuestión de la mujer. Entre 1933 y 1937 escribió una serie de artículos sobre el tema, como “Una investigación histórica sobre el status de la mujer en la sociedad”, “El sistema familiar y la liberación de la mujer” y “Una crítica del sistema familiar” bajo el seudónimo Chen Pi-ung. Estos artículos fueron publicados en “La Revista de Oriente”.

El 13 de agosto de 1937, Peng y Chen fueron liberados. Peng regresó a Shangai donde organizaron inmediatamente una conferencia de todos los militantes que quedaban, incluyendo a los que recién habían salido de la cárcel. Resolvieron apoyar la lucha armada llevada adelante por el Kuomitang contra el imperialismo japonés y realizar críticas públicas a las orientaciones reaccionarias del gobierno. Comenzaron a publicar el periódico clandestino “La lucha”. La Liga se extendió rápidamente a distintas ciudades.

El PCCh hizo circular el rumor de que Chen y Peng habían aceptado fondos del imperialismo japonés para realizar una campaña de desprestigio del gobierno del Kuomitang que les resultaba favorable. Las prácticas inauguradas por Stalin para destruir a sus opositores comenzaban a ser imitadas por los burócratas. Éstos querían montar una provocación para que un agente del Kuomitang asesinara a Peng o suministrar una cobertura que les permitiera hacerlo a ellos mismos.

Lentamente, los trotskistas volvieron a tener influencia. Publicaron una revista denominada “Hacia delante”, que criticaba la pasividad del Kuomitang y la firma de Stalin del pacto germano-soviético[28]. Con la ayuda financiera de varios simpatizantes lograron publicar algunos libros de Trosky: “La historia de la revolución rusa”, “La revolución traicionada” y “Los procesos de Moscú” y tres folletos de Peng “La guerra contra el imperialismo japonés”, “Las lecciones de la derrota de la revolución española” y “La derrota de la revolución austríaco”.

En 1941, luego del ataque a Pearl Harbour, en EE. UU., las tropas japonesas ocuparon Shangai. Las comunicaciones entre la dirección central de la Liga Comunista China y las regionales se cortaron, y numerosos militantes fueron encarcelados. La mayoría se vieron obligados a dejar la ciudad por la represión impuesta por la ocupación japonesa. En este período Peng Shu Tse consiguió un puesto de docente universitario utilizando un seudónimo. Así él y Pen Pi Lan invitaban a su casa a varios estudiantes de izquierda, incluso algunos influenciados por el stalinismo, quienes con el tiempo formaron el núcleo de militantes trotskistas que actuaría durante la posguerra.

Japón se rindió ante los países aliados. Mao Tse Tung dominaba grandes zonas del norte de China que agrupaban alrededor de cien millones de personas.

El gobierno de Chiang Kai Shenk enfrentó la presión de las masas populares y tuvo que dar algunas concesiones democráticas. Fue así que los trotskistas pudieron volver a publicar un periódico sin censura. Para 1946 editaron dos revistas mensuales. Una revista de teoría política dirigida por Peng, “En la búsqueda de la verdad”, y otra destinada a las mujeres y a la juventud dirigida por Pen Pi Lan, “Juventud y mujeres”, que al tiempo se convirtió en el órgano oficial del movimiento trotskista. Ambas publicaciones tuvieron difusión nacional. Avanzaron en la organización de trabajadoras, trabajadores y estudiantes en Shangai, Cantón, Hong Kong. En 1948 se realizó el IIIº Congreso Nacional de la Liga Comunista de China y cambiaron su nombre a Partido Comunista Revolucionario Chino.

El Kuomintang, confiado porque Mao no planteaba la reforma agraria en las zonas dominadas por el ejército de Chiang y, más aún, de reconocer al gobierno de Chiang como legítimo gobierno de China bajo los auspicios del general norteamericano Marshall, dispuso un ataque al PCCh en su propio territorio. Esto obligó a Mao a promover la reforma agraria en todo el territorio chino, desatando un torrente de energía revolucionaria de decenas de millones de campesinos que, aún antes que llegaran los ejércitos de Mao a cada zona, repartían la tierra y quemaban en las aldeas los libros de contabilidad de los usureros[29]. Desde el verano de 1946 al 1º de octubre del 1949, cuando el Ejército Rojo entra a Pekín, la guerra civil se transformó en un “paseo” donde el campesinado pobre y sin tierra se insurreccionaba no sólo contra los terratenientes y usureros sino incluso contra los campesinos ricos, y tornaba inevitable el avance hacia las ciudades del ejército de Mao.

La tercera Revolución China

En 1949 se extiende una revuelta generalizada de campesinos pobres o directamente sin tierra, bajo la dirección del PCCh organizado como ejército guerrillero. Su principal dirigente fue Mao Tse Tung quien postulaba que “Nosotros entendemos que la meta de esta revolución no es acabar con la burguesía en general, sino acabar con la opresión nacional y feudal; que las medidas tomadas en esta revolución no vienen a abolir, sino a proteger la propiedad privada, y que como resultado de esta revolución, la clase trabajadora podrá constituir la fuerza que conducirá a China al socialismo, mientras que el capitalismo pasa ahora a crecer durante un tiempo bastante largo. “Tierra para los pequeños propietarios” significa la transferencia de la tierra de las explotaciones feudales a los campesinos, transformando la propiedad privada de los señores feudales en propiedad privada de los campesinos, emancipados de las relaciones feudales agrarias, permitiendo así la transformación de un país agrícola en una industrial” [30].

El nuevo gobierno de la República Popular China legaliza la reforma agraria que habían realizado los campesinos pobres. No obstante, por varios años se niega a terminar de expropiar a la burguesía nacional. Fue la nueva guerra de Corea lanzada por Estados Unidos (1950-1953) en la cual China interviene con un millón de combatientes para asegurar su autodefensa, la que empujó a la dirección maoísta a expropiar finalmente lo que quedaba de la burguesía nacional, que se había pasado abiertamente al campo del imperialismo.

El exilio a Europa

El Partido Comunista Revolucionario Chino, recién nacido, tuvo que realizar un congreso de emergencia para resolver cómo defenderse de los eventuales ataques del stalinismo en el poder, ya que tenían muy presentes el tratamiento dado por Stalin a los trotskistas en la Unión Soviética. Resolvieron transferir el secretariado político a Hong Kong e instalar un comité provisorio en Shangai. Por otro lado, decidieron que todos los militantes del partido y de la juventud tenían que intentar integrarse en el PCCh, la Liga de las juventudes Comunistas y las distintas organizaciones obreras y campesinas de masas para poder apoyar y desarrollar las medidas progresivas que adoptara el PCCh. Al poco tiempo, ya algunos dirigentes fueron encarcelados por el régimen maoísta. Pen Pi Lan y Peng Shu Tse, como parte del Secretariado nacional, y su familia ya estaban rumbo a Hong Kong.

Apenas llegaron a esa ciudad retomaron la edición del periódico nacional y publicaron el libro “La tragedia de la revolución china” de Harold Isaacs. Pen Pi Lan colaboró también con la formación de los militantes de Hong Kong. Pero ya estaban bajo una insistente vigilancia de las autoridades británicas. Numerosos militantes habían sido deportados y detenidos. Los trotskistas eran muy conocidos por haber dirigido varias huelgas importantes. La policía descubrió la imprenta clandestina y al poco tiempo lograron arrestar a varios militantes. Llegaron a requisar el domicilio de Pen Pi Lan y Peng Shu Tse, pero ellos lograron escapar. Por el incremento de las persecuciones, resolvieron trasladar el Secretariado político a Vietnam. A los pocos meses, luego de la desaparición de varios dirigentes trotskistas vietnamitas, Pen Pi Lan, Peng Shu Tse y sus hijos debieron elegir entre una muerte segura y el exilio. Se decidieron por el exilio y con la ayuda de los camaradas de Hong Kong y de otros lugares llegaron a Francia.

Ya instalados allí, ambos dedicaron toda su energía al desarrollo de la Cuarta Internacional, siendo los principales dirigentes en el exilio de la sección china. Su aporte al movimiento trostkista ha significado una continuidad visible de quienes vivieron para sacar conclusiones de los procesos revolucionarios que moldearon al marxismo. En 1975 se trasladaron a Estados Unidos, donde pasaron sus últimos años, entre apasionantes discusiones y elaboraciones políticas y teóricas sobre la situación mundial, China y sus propias experiencias. En 1987, luego de una vida tan sacrificada como plena, con toda su energía dedicada a la revolución socialista, Pen Pi Lan murió sin haber visto el triunfo de las ideas por las que luchó.

¿Murieron los ideales del marxismo revolucionario en China luego de su partida? La respuesta es no. Pierre Broué, en su libro “La historia del partido bolchevique” nos cuenta que “el movimiento estudiantil se manifiesta en China con una serie de tumultuosas asambleas y una gran proliferación de periódicos convertidos en verdaderas tribunas de discusión; su portavoz típico puede muy bien ser una joven de veintiún años, Lin Hsi-ling, combatiente desde los dieciséis del ejército popular y estudiante de la Universidad del Pueblo, cantera de los cuadros comunistas chinos. El 23 de mayo de 1957, esta muchacha declara en un mitin de estudiantes en Pekín: «El verdadero socialismo es muy democrático. Sin embargo, el socialismo que tenemos aquí no es democrático. En mi opinión se trata de un socialismo construido sobre las bases del feudalismo.» «Ni la Unión Soviética ni la China son países verdaderamente socialistas.» El partido sólo comprende a una «minoría de verdaderos bolcheviques». Los rasgos burocráticos que aparecen en la sociedad china son la expresión de un sistema que genera los tres «males» denunciados por el partido: «El burocratismo, el subjetivismo y el sectarismo». La base del sistema se encuentra en el retraso económico de Rusia y China y en la teoría cuya validez refuta basándose en una cita de Engels del «socialismo en un solo país». Como Lasota y Pro Prostu, Lin Hsi-ling también rechaza en su intervención la «burocracia liberal»: «Debemos considerar insuficiente tanto el movimiento de rectificación del partido como las medidas reformistas y las pocas concesiones hechas al pueblo (...) Debemos intentar construir el verdadero socialismo. Yo propongo que se tomen medidas radicales para transformar de forma revolucionaria el sistema social existente en la actualidad. Yo no apruebo el reformismo. Lo que necesitamos ahora es un cambio radical una transformación total.» Para ello, para «resolver los problemas y vencer las dificultades de forma efectiva», «sólo hay un medio: movilizar y levantar a las masas»“. A pesar de la represión del régimen de Mao, de la censura de toda voz disidente, de la prohibición de literatura del trotskismo, la voz del marxismo revolucionario como guía para la acción transformadora de la sociedad tomaba cuerpo en la voz de esa joven china.

La pregunta que surge al recorrer los senderos sinuosos de la vida de Pen Pi Lan es ¿qué la mantuvo tan firme en sus convicciones si vio solamente derrotas? Una comprensión profunda de la potencialidad revolucionaria de la clase obrera para terminar con el sanguinario sistema capitalista. Y al mismo tiempo, un programa para la emancipación de la clase obrera: la síntesis de un siglo de lucha de clases y la necesidad de forjar una partido revolucionario internacional que encarne ese programa en hombres y mujeres dispuestos a todo para hacerlo realidad. Fueron esas ideas revolucionarias las que llevaron a Pen Pi Lan a romper con todos los mandatos tradicionales de la oscurantista sociedad china y adoptar el camino de la revolución.

Al igual que a inicios del siglo XX, hoy China está siendo disputada por los grandes capitales internacionales, a través de inversiones extranjeras directas. Con la restauración de las relacionaes capitalistas, iniciada por la burocracia en el poder, este país se está convirtiendo en una gran maquila femenina a escala mundial. Millares de jóvenes campesinas, llegadas a las ciudades, trabajan en las gigantescas líneas de producción en las plantas de la empresa Pou Chen. Producen en serie cien millones de pares de calzado por año para Nike, Adidas, Caterpillar, Timberland, Hush Puppy, Reebok, Puma y otras grandes marcas. Su pago apenas alcanza los cien dólares mensuales, trabajando casi setenta horas semanales. Estas jóvenes duermen en las mismas empresas, debiendo obedecer los toques de queda que impone la patronal.[31] De vez en cuando estallan los conflictos laborales. El incremento de la explotación de la clase obrera china y la degradación de su nivel de vida no son gratuitos: la resistencia toma forma de huelgas y enfrentamientos con la policía. Tal vez, en ese lejano país, hoy se estén forjando las futuras obreras revolucionarias que seguirán las huellas de Pen Pi Lan, escribiendo nuevas páginas en el libro de la historia de la clase obrera de Oriente.

[1] “Women in the Chinese Revolution”, entrevista realizada por Caroline Lund a Pen Pi Lan, publicada en International Socialist Review en junio de 1970, Vol. 31 Nº 4.

[2] Li Yu (937-980), segundo rey de la dinastía Tang, que gobernó gran parte del territorio que hoy conforma China.

[3] La rebelión de Taiping (1850-1864) fue un movimiento campesino, dirigido por Hung Xiu-chuan (un chino convertido al cristianismo), que se alzó contra el poder central del imperio. Llegó a controlar una gran porción del territorio chino por diez años. Reivindicaba la propiedad colectiva de la tierra. Los ejércitos participaban en la producción. Hung Xiu-chuan intentó proclamarse emperador hereditario. El movimiento fue engañado por jefes militares al servicio de la dinastía Manchú.

[4] La rebelión de los Boxers (1896-1900) surgió ante la degradación política y económica del país, junto a una situación de sequía y la transferencia de la “concesión” alemana en Shantung. Los Boxers, una sociedad secreta que practicaba el box sagrado, iniciaron una insurrección que recibirá apoyo semi-oficial y llegará en 1900 a Tientsin y Pekín. Atacaron las misiones religiosas extranjeras, a los chinos conversos y cercaron las delegaciones extranjeras. La respuesta de los imperialismos occidentales fue la intervención militar directa. El emperador les negó armas a los Boxers y así fueron masacrados por las potencias imperiales. En palabras de Peng Shu Tsé, el movimiento boxer “fue un movimiento antiimperialista de liberación nacional lanzado por las masas campesinas por la presión extrema de los distintos imperialismos”.

[5] El Movimiento 4 de Mayo surgió el 4 de mayo de 1919 a partir de importantes manifestaciones estudiantiles. Los trabajadores decidieron un boicot a los productos japoneses, originando un gran movimiento contestario cultural que cuestionaba las jerarquías, la sumisión de las mujeres, el sistema educacional, la escritura, etc. Las manifestaciones fueron controladas a partir de agosto, pero el movimiento siguió desarrollándose.

[6] Sun Yat-se (1868-1925): Fundador del movimiento nacionalista chino. En 1894 creó la Asociación para la Resurrección de China, que se convierte en la “Liga de la Unión” y posteriormente en el Kuomitang (1912). Presidente de la República China después de la Primera Revolución, hasta que el futuro dictador Yuan Shi Kai lo obliga a retirarse y marchar al destierro. En 1921 ocupó la presidencia del gobierno de Cantón.

[7] Cuando una mujer enviudaba no podía volver a casarse, en cambio si un hombre enviudaba sí podía hacerlo. Otra práctica funesta para las mujeres era que los hombres si no estaban conformes con la esposa que su familia había comprado, podía tomar otras esposas o concubinas, mientras si las mujeres no estaban conformes con sus esposos, debían resignarse ya que no podían hacer nada al respecto sin enfrentarse con la sociedad.

[8] Las sufragistas basaban su reivindicación del derecho al voto para las mujeres en el conepto de igualdad inspiradas en los ideales revolucionarios de la clase burguesa. Este movimiento se desarrolló en Europa y Estados Unidos centralmente entre la segunda mitad del siglo XIX y principios del siglo XX.

[9] Chen Tu-hsiu (1879-1942): Fue un gran maestro e inspirador del movimiento 4 de mayo de 1919 y fue uno de los fundadores de la Oposición de Izquierda China Unida.

[10] Mao Tsé Tung (1893-1966): su inicio en la vida política fue a través de su participación en el Kuomitang. Posteriormente ingresa en el Partido Comunista Chino y fue uno de sus principales dirigentes. Fue el creador de la teoría del “bloque de las cuatro clases”: la unión de la clase obrera, el campesinado, la burguesía y la pequeñoburguesía urbana para llevar a China a un régimen democrático burgués.

[11] Kuomitang: partido burgués chino fundado por Sun Yat-se en 1912.

[12] Tercera Internacional. Ver Mika Etchebèhére, en este mismo capítulo.

[13] Joseph Stalin (1879-1953): miembro del Partido Bolchevique desde 1903 y miembro de su Comité Central desde 1912. Comisario del Pueblo para las Nacionalidades, luego de la revolución de octubre de 1917. Fue nombrado Secretario General del Comité Central del Partido Comunista ruso en 1922. Artífice de la degeneración burocrática del PC ruso y de la Comitern. Fue el creador de la teoría antileninista del “socialismo en un solo país”. Organizó los juicios de Moscú en la década de 1930, liquidando a la mayoría de los líderes de la época de Lenin. Disolvió la Comitern como gesto político hacia los aliados imperialistas en 1943.

[14] Nikolai Bujarin (1888-1938): antiguo dirigente y economista bolchevique. Miembro del Comité Central desde 1917. Animador de los comunistas de izquierda en 1918, se pronunció en contra de los tratados de Brest-Litovsk. Después de 1923 se convirtió en portavoz de la teoría del desarrollo gradual de la Nueva Política Económica hacia el socialismo, transformándose en el defensor de los kulaks. Fue redactor-jefe de Pravda entre 1919 y 1929. Sucedió a Zinoviev como cabeza de la Comitern (1926-1929). En 1928 se convirtió en el dirigente de la fracción del ala derecha. En 1929 fue excluido del Buró Político del Comité Central y en 1937 fue expulsado del partido. En 1938 fue condenado en el Segundo Juicio de Moscú y fusilado.

[15] Este atraso se expresaba en rasgos fuertemente feudales en el campo en particular y en las relaciones sociales en general, junto con un desarrollo industrial restringido a unas pocas ciudades, la fragmentación del territorio dominado por los señores de la guerra y la extrema dependencia económica de las potencias imperialistas

[16] Esta definición expuesta por Lenin tenía el problema de que no planteaba claramente la necesidad de que en la alianza obrera campesina hubiera una clara hegemonía de los trabajadores. Cuando vuelve del exilio en marzo de 1917, ajusta la política y luego de una ardua lucha política convence a todo el Partido Bolchevique de que es el momento de que la clase obrera, organizada en los soviets, tome el poder.

[17] Revolución Rusa de febrero de 1917: un ascenso obrero y campesino logra derrocar al zar, pero la dirección política del movimiento era detentada por los cadetes, los socialistas revolucionarios y los mencheviques que instauraron el gobierno burgués de Kerensky.

[18] Las Tesis de Abril de Lenin fueron una lucha contra los viejos bolcheviques que seguían sosteniendo su antigua forluación de “dictadura democrática de obreros y campesinos” (entre ellos Kamenev y Stalin) como argumento para ubicarse como “izquierda democrática” que apoyaba “críticamente” al gobierno provisional de Kerensky surgido de febrero de 1917, negándose a luchar por “la toma del poder por el proletariado.

[19] Peng Shu Tsé (1895-1983): dirigente del Partido Comunista Chino, uno de los fundadores de la Oposición de Izquierda en China y luego dirigente de la Cuarta Internacional.

[20] Este artículo de Mao Tse Tung fue publicado en el periódico “El guía” el 11 de julio de 1923.

[21] “Women in the Chinese Revolution”, entrevista realizada por Caroline Lund a Pen Pi Lan, publicada en International Socialist Review en junio de 1970, Vol. 31 Nº 4. Traducción inédita para este libro.

[22] Ver Mika Etchebèhére, en este mismo capítulo.

[23] Cartas a Preobajenski, de León Trotsky.

[24] Mis años transcurridos con Peng Shu Tse, de Pen Pi Lan.

[25] La política del Tercer Período de la Comitern consistió en proclamar y preparar la toma inmediata del poder en momentos en que los trabajadores seguían sufriendo las consecuencias de la derrota de la segunda Revolución China.

[26] “El campesinado está disperso sobre la superficie de un enorme país cuyos lugares de concentración claves son las ciudades. El campesinado es incapaz de formular siquiera sus propios intereses, en tanto aparecen como diferentes en cada distrito. Las ligazón económica entre las provincias la crean el mercado y el ferrocarril, pero ambos están en manos de las ciudades. Al tratar de romper con las limitaciones de la aldea y generalizar sus propios intereses, el campesinado inevitablemente cae en dependencia política de la ciudad. Finalmente, el campesinado es heterogéneo en sus relaciones sociales: el sector de los kulaks (campesinos ricos) tiende naturalmente a la alianza con la burguesía urbana, mientras que los sectores más pobres de la aldea se inclinan hacia el proletariado urbano.”, Tres concepciones de la Revolución Rusa, de León Trotsky.

[27] El maoísmo propone una teoría etapista en la cual la tarea correcta de enfrentar al imperialismo extranjero va de la mano de una política conciliadora de no luchar por la reforma agraria u otras tareas que cuestionen a los “aliados” de la burguesía nacional.

[28] El Pacto germano-soviético fue pacto de no agresión acordado entre Alemania y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), que contenía además un protocolo secreto adicional, firmado en Moscú por el ministro de Asuntos Exteriores del III Reich, Joachim von Ribbentrop, y el comisario soviético de Asuntos Exteriores, Viacheslav Molótov, en la madrugada del 23 de agosto de 1939. Además de establecer una mutua garantía de no agresión, las dos naciones se comprometían a consultarse sobre asuntos de interés común y a abstenerse de unirse a cualquier alianza entre potencias que fuera hostil a alguna de ellas. El protocolo secreto dividía la Europa del este y central en esferas de influencia alemana y rusa, establecía una cuarta partición de Polonia y permitía a Stalin mantener una política de ‘manos libres’ en Finlandia, los Países Bálticos y Besarabia. No obstante, en 1941, Hitler invadió la Unión Soviética.

[29] Prestamistas ligados a los terratenientes.

[30] Obras escogidas, de Mao Tsé Tung.

[31] Datos del Financial Times citados en el artículo “China. Mitos y realidad de la China actual”, de Juan Chingo, publicado en la revista Estrategia Internacional Nº 21, septiembre de 2004.