Introducción a la primera sesión del Taller de Género y Clase:



¿Quién es la mujer de hoy?

En contraposición a los seniles mitos que, avalados desde la Biblia hasta una pseudociencia que promovía la falsa teoría de que nuestra inferioridad era un designio de las leyes naturales, nos condenaban a una eternidad –desde el comienzo hasta el fin de la humanidad-- ineludible de esclavitud doméstica y a una limitadísima existencia en la esfera privada, hoy por hoy y gracias a los avances técnicos y científicos desarrollados gracias y con la garantía de que un puñado explota y descuera a la gran mayoría de la humanidad, se elaboran discursos de homenaje en torno a nuestra nueva condición genérica, en la que –para el discurso oficial—hemos superado el estado de inferioridad en el que “había” quedado relegado nuestro sexo, para abrirnos un decidido e “igualitario” paso en un mundo dominado por machos que “mágica” e “inexplicablemente” se habían apoderado de nuestros seres femeninos y de la dificultosa empresa de la administración (de las miserias) pública y económica de pueblos y naciones.

Para pintarnos un impresionista cuadro de las bondades que ofrece para la “mujer actual” una sociedad escindida en clases sociales, nos señalan con un sobrexcitado entusiasmo el camino de una minoría casi inexistente (en comparación a la totalidad de nuestro género) que ha asumido sillones presidenciales, tribunas de arbitrio internacional, destacados lugares en los debates de la intelectualidad (burguesa), lucrativos puestos en transnacionales, etc., que deberían bastarnos para sentirnos plenamente representadas y satisfechas con las justas y bondadosas democracias de los ricos.

En términos generales podríamos coincidir con este análisis si no nos interesara prestarle atención a los orígenes de la desigualdad sexual o si nuestras reivindicaciones consistieran en alcanzar ciertos derechos ciudadanos que claramente no serán extendidos para la totalidad de nuestras congéneres, circunscritos dentro de las posibilidades del sistema… ciertamente, ¿qué nos puede ofrecer un modelo de sociedad que “explota sistemáticamente toda forma de discriminación”? (Hacia una crítica de una razón patriarcal, Celia Amorós).

Fue en esta línea en la que las feministas liberales, las burguesas o sufragistas iniciaron un movimiento de mujeres cuyo horizonte fue, si bien en su contexto significó una lucha indudablemente progresiva, siempre moverse dentro de las posibilidades que el régimen democrático ofreciera para alcanzar resultados creciente y gradualmente en la lucha por la equidad de género…estos resultados no pudieron convertirse en algo más que los frutos que nos otorga el árbol seco de los gobiernos actuales, como los servicios nacionales de la mujer, una legalidad de no sólo deja desprotegida sino que encarcela y condena a mujeres de escasos recursos y una que otra ONG que tranzan sus principios fundamentales por pequeñas tribunas y cuotas de poder.

En este sentido, el anverso de la moneda es amplio y cruel, mientras Bachellet o Condonezza rice se reúnen con todas las líderes del mundo, cientos de mujeres mueren anualmente a causa de abortos clandestinos, son violadas frente a la pasividad de la Justicia y las autoridades, o si son trabajadoras sufren diariamente jornadas extenuantes de doble opresión y explotación, en las que sus patrones la exprimen hasta la última gota de sus fuerzas en sus trabajos para que después lleguen a sus hogares a trabajar gratis por la subsistencia doméstica de otros trabajadores (como su marido) o sus hijos para que sean susceptibles de ser explotados otro día más de su vida, o en un futuro de mano de obra barata.

Hay estadísticas que nos señalan que de los 1300 millones de pobres de la población mundial, el 70 % lo constituimos mujeres y niñas, y como no, si todas las brutalidades y miserias que el capitalismo arroja sobre los trabajadores y el pueblo pobre recaen doblemente sobre nuestros hombros, como sostén de una institución destinada a hacer funcionar un engranaje invisibilizado de la producción económica: la familia.

Por lo tanto, cuando se oyen voces acerca de la mujer actual queda abierta la brecha entre esa pequeña minoría de mujeres “exitosas” y la gran mayoría anónima para la que estos innegables avances son lejanos o insuficientes…sin embargo, innegable es también que como mujeres, todas tenemos algo que arrebatarle al patriarcado, aunque nosotras las, trabajadoras y pobres, debemos extirpar de raíz el cáncer de nuestra subordinación que nos reserva una doble cadena de dolor y miserias…¿ de la mano de quienes? En el camino de la construcción de nuestra verdad histórica, los orígenes de nuestra condición nos arrojan luces sobre esta cuestión.




Desechando mitos…¿hombres contra mujeres o clase contra clase?

La “cuestión de la mujer”, recuperada en la agitada década de los sesentas , ha despertado una renovada necesidad por averiguar porqué y cómo hemos estado subyugadas por las leyes machistas y qué puede hacerse para remediarlo, para este fin, y al igual que lo han hecho todos los oprimidos en el camino de su emancipación, se hizo imperativo reconstruir históricamente nuestra identidad: porque hemos sido descomunalmente estafadas a través de cada uno de los aparatos ideológicos del sistema burgués, los que nos han hecho creer que nuestra subordinación es originaria e inmanente, es decir, inseparable de nuestra esencia… claramente su objetivo es no dejar espacios de inconformidad y cuestionamientos que hagan tambalear el statu quo.

Entre el enmañarado de omisiones y mentiras que se atribuyen un dudoso carácter científico, se abrió paso una verdad reveladora, en el campo de la ciencia antropológica surgen descubrimientos que permitirían la construcción de una teoría sobre la evolución de nuestro género y de los orígenes de nuestra opresión, desde una perspectiva emancipatoria: nuestras antecesoras, las mujeres de sociedad pre-civilizada, eran “tanto económicamente independientes como sexualmente libres. No dependían de unos maridos, padres o patronos para conseguir su subsistencia y no eran humildes, ni se mostraban agradecidas por cualquier migaja que se les cediera, en la sociedad comunitaria trabajaban junto con otras mujeres y otros hombres en beneficio de la comunidad y dividían los resultados de su labor sobre una base igualitaria… No eran objetos que se pudieran poseer, oprimir, manipular y explotar. Como productoras y procreadoras eran la cabeza reconocida de una sociedad matriarcal, y eran tenidas en el más alto honor y respeto por los hombres.”(Sexo contra sexo o clase contra clase, Evelyn Reed).

Cómo ha podido quedar demostrado, las mujeres no hemos sido desde siempre el “segundo sexo”, ubicándonos sobre esta base nos preguntamos ¿En qué momento de la historia de la humanidad pudo el hombre haber arrasado con nuestra posición social de dirigentas de una sociedad basada en la igualdad? ¿Cómo pudo el hombre—si la ciencia que nos respalda nos demuestra que no existen argumentos biológicos que lo determinen como el sexo fuerte -- arrebatarle “mágicamente” a la mujer y a la humanidad entera milenios de igualdad entre los sexos y entre todos los seres humanos del comunismo primitivo?.

Si se agotan las posibilidades de demostrar que fue el sexo masculino por sí sólo el que nos ha arrojado a un destino de sumisión, queda pendiente la labor teórica de nuestro movimiento, pero la seria discusión que inicio este revolucionario sector de la ciencia y de la ideología marxista no se agota allí. Continuando con la reconstrucción de nuestro camino, los fundadores del marxismo, Marx y Engels, hacen un recuento de los factores sociales y económicos que llevaron al derrocamiento de nuestra posición social y, junto con ello, la abolición de la sociedad comunista y matriarcal.

Este proceso tuvo su origen en el paso de una economía basada en la caza y la recolección a un tipo basado en la agricultura (revolución que iniciaron las mujeres en beneficio de la humanidad entera) que permitió una gran producción de alimentos, la cual provocó la aparición del excedente por una parte, y, por otra parte, la división especializada del trabajo.

En virtud del papel preeminente del hombre en la agricultura extensiva, fruto de esta división del trabajo, estos fueron apropiándose paulatinamente del excedente y surge la propiedad privada. Para evitar malos entendidos, la división del trabajo no fue por sí sola la responsable directa de nuestra actual condición, sino que fue esta expropiación de la propiedad común el origen de la sociedad como la conocemos hoy y de nuestro secundario lugar en ella. La propiedad privada permitió establecer la herencia y, como esta herencia necesitaba una vía para hacerse legítima, surgió el matrimonio monogámico, unión sexual que antes no existía y que nos colocó bajo el dominio patriarcal para así darle al hombre hijos legítimos para el traspaso de sus riquezas.

Bajo estas condiciones fuimos relegadas al cuidado del hogar y la familia, la propiedad privada fue concentrándose cada vez en menos manos, y así, cuando un hombre era propietario, no sólo de alimentos y tierras, sino que además, de otros hombres a los cuáles explotaba para seguir acumulando excedente, se desarrolla el aparato del estado que no sólo vela directamente por la herencia y la propiedad, sino que nos califica como una propiedad más, al igual que los hijos.

Si bien es cierto que la mayoría de las veces la opresión machista no la vivimos directamente desde la economía o el estado así en abstracto, que los femicidios, las violaciones, el maltrato y la discriminación son obra, en la inmediatez, de hombres aborrecibles que están acostumbrados a subyugarnos, y que en la cotidianidad muchos de nuestros propios compañeros o cercanos nos oprimen en pequeñas pero significativas cosas, es necesario que develemos que estas acciones son posibilitadas por una sociedad dirigida por una clase que necesita de nuestra subordinación como mujeres, que nuestras miserias íntimas y personales, si bien son comunes a todo el género van siendo moldeadas objetiva y subjetivamente según pertenezcamos a ese puñado que no sólo posee cosas, sino que otros seres humanos a quienes explotar, o pertenezcamos a la gran mayoría despojada de un pasado comunitario.

En este sentido surge una nueva necesidad teórica: la de dar cuenta de que las mujeres no constituimos una casta o clase por sí sola, porque como ya lo hemos mencionado, el sexo masculino emerge como sexo dominante gracias a que unos pocos se adueñaron de lo que era común y necesitaban de una sociedad y de diversos mecanismos para perpetuar ese gran robo histórico y su máquina de explotación, del cuál nosotras debíamos ser un engranaje. Las mujeres somos un género interclasista, y con esto no se trata de dividir caprichosamente a un supuesto movimiento homogéneo, si no que se trata de dar cuenta de una división ya existente en la realidad: claro es que todas somos oprimidas, pero no todas explotadas, por el contrario, el capitalismo permite que muchas de nuestras congéneres explote a otras mujeres y así contribuya a profundizar la raíz histórica de nuestra subordinación, mientras protege los intereses de su clase.

Esta innegable realidad es obviada por varias corrientes del feminismo, que plasman esta negación en sus estrategias para la emancipación del género, existe acuerdo tácito en que la lucha en contra del chovinismo machista en ambas clases sociales, y la lucha por nuestros derechos esenciales son necesidades también interclasistas, pero para quienes queremos exterminar el núcleo y origen de toda opresión, sobre todo la nuestra, es ineludible el enfrentamiento con la clase que se beneficia de nuestra subordinación… la obrera, la temporera, la esposa de un trabajador tiene más en común con un compañero de su clase que avanzará a la par con ella en la lucha por un futuro emancipatorio de la humanidad, sin clases sociales, que con evelyn mattei que, siendo mujer y oprimida, defendió la dictadura: arma que tenía a favor la burguesía para sellar con sangre su triunfo en contra de la clase obrera y el pueblo pobre al final de un agitado y desviado proceso de la lucha de clases en Chile durante los setenta; en la que torturaron, violaron y asesinaron a muchas trabajadoras, pobladoras, estudiantes y luchadoras, sin mencionar a los otros cientos de hombres que aspiraban a una sociedad justa.

Es la tradición marxista, que nos demuestra que la historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases la que queremos recuperar para nuestra emancipación definitiva, a través de la revolución encabezada por la clase obrera que es la que objetivamente pondrá en jaque los intereses de la burguesía y todos sus mecanismos de opresión y explotación, ya que es la clase social que permite la subsistencia de este sistema y, por lo tanto, la única capaz de detenerlo y transformarlo. No nos conformaremos con migajas y sabemos que también debemos dar la lucha dentro de nuestras propias filas, porque “cada vez que una mujer es abusada, golpeada, humillada, considerada un objeto, la clase dominante se ha perpetuado un poco más en el poder, y la clase obrera, en cambio se ha debilitado, porque esa mujer perderá la confianza en sí misma y, por lo tanto, en sus propias fuerzas… Y la clase obrera se debilita también porque ese hombre que golpeó a su compañera, que la consideró su propiedad está más lejos que antes de transformarse en un obrero consciente de sus cadenas, de proponerse liberar a toda la humanidad y contar a todos los oprimidos como sus aliados” (Marxismo y feminismo, 30 años de controversias, Andrea D’Atri).

Es la transformación radical de la sociedad, la que nos dará la posibilidad de romper nuestras dobles cadenas, pero nuestra emancipación la debemos encabezar nosotras mismas de la mano de la única clase que también busca esa transformación radical, transformación que sin nosotras alzando las banderas de nuestra emancipación jamás podrá llamarse revolución. Tal como dijo el revolucionario león Trotsky “ una revolución no es digna de llamarse tal, si con todo el poder y todos los medios de los que dispone no es capaz de ayudar a la mujer—doble o triplemente esclavizada como lo fue en el pasado-- a salir a flote y avanzar por el camino del progreso social e individual”.


Finalmente, nuestra consigna es “mujer, el género nos une, la clase nos divide”


7 de Octubre de 2008

Taller de Género Y Clase: El género nos une, la clase nos divide




Ven, asiste a nuestro taller de género para conocer y discutir el feminismo y los problemas sociales y políticos de las mujeres y las minorías sexuales, desde una perpectiva del feminismo de izquierda y marxista.

28 de Septiembre: Despenalización del Aborto


La necesidad de levantar una lucha unitaria de la izquierda y el feminismo por el derecho al aborto legal, gratuito, libre y seguro

María Rojas

Este año, como pocos años se ha hecho, se ha convocado a un acto para reivindicar la despenalización del Aborto en América Latina y el Caribe en Chile. Este país a diferencia de otros países es uno de los más restrictivos y conservadores del mundo, donde la derecha, la iglesia e incluso la Concertación que se muestra democrática, niega la apenas libre y gratuita repartición de la pastilla del día después en la salud pública (administrado por el Minsal), pastilla que no es abortiva y que es sólo un anticonceptivo más, que ha sido utilizado y promovido por los profesionales del ICMER (Instituto Chileno de medicina Reproductiva) desde los 90, tan necesario para las mujeres, sobretodo trabajadoras y pobres.



La demanda de la despenalización del aborto, fue acordada en el año 1990 por el V Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, que propuso el día 28 de septiembre como el Día de Lucha por el Derecho al Aborto de las Mujeres en América Latina y el Caribe. Este día es reivindicado por grupos feministas para plantear la demanda de aborto. Sin embargo, en Argentina, un país vecino que tiene aborto legal para los casos de violación, aun así no permite que se pueda realizar un aborto a una niña violada por su padrastro!, mientras la ley que lo permite descansa en el parlamento, el gobierno de Cristina Kirchner se niega.


En Chile el aborto es ilegal, incluso el libre y gratuito uso de un anticonceptivo: "la píldora" por iniciativa de la derecha es ilegal




Desde la dictadura militar en Chile, luego de la democracia para ricos pactada, no se han hecho grandes cambios en derechos sexuales y reproductivos. Hace años ya la Concertación ha venido planteando nuevas políticas de anticoncepción, pero no ha sido hasta ahora más que promesas electorales, luego discusiones en el Parlamento, proyectos que no se concretan o precariamente y acuerdos con la derecha que sólo han dado pie para retroceder las demandas, que los movimientos de las mujeres en los 70, y que junto a los oprimidos y los trabajadores, conquistaron a lo largo del siglo pasado. El mayor ejemplo, es el derecho de Aborto Terapéutico, que duró entre los años 1931 a 1989, y que fue sepultado por la dictadura de Pinochet. Hoy los herederos de la derecha, Opus Dei y la iglesia, han negado el año pasado la posibilidad de acceder a la pastilla del día después de forma gratuita y libre, gracias a las facilidades que tienen estos políticos patronales para apelar y remover proyectos de ley parlamentarios en el Tribunal Constitucional, institución autoritaria que es también herencia de la dictatorial constitución del 80, haciendo uso de retrógrados mecanismo institucionales imponiendo su postura incluso anticientífica.

Es así como les es tan fácil retroceder políticas públicas, siendo incluso que la aprobación de la pastilla del día después por la población es mayoritaria, de un 70 y 80 % aprox. de aprobación a la medida. Es decir, la decisión del TC es una medida altamente antidemocrática y antipopular, pero que demuestra que esta es una democracia para ricos que defiende los derechos de los sectores empresariales y conservadores de la sociedad, donde la iglesia es un partido más en su favor y la derecha la acérrima defensora de la dictadura. Porque las mayores y los mayores perjudicados son las mujeres trabajadoras y las familias trabajadoras y pobres en general, que no tienen para pagar una pastilla del día después en la farmacia, mientras las ricas acceden a estas fácilmente, incluso como es sabido, al aborto en clínicas privadas, lo que no se condena.

La Concertación hace eco del fallo del Tribunal Constitucional



Hoy la Concertación, a diferencia de otros años, ya no dirá más en estas elecciones que se dispondrá libremente en la salud pública y sus alcaldías de todo tipo de anticonceptivos gratuitos, aunque si dirá que está disponible en las farmacias por la que hay que pagar y tener receta médica previa, lo que de seguro le sirva para posicionarse a izquierda al lado de la derecha conservadora. Hoy sólo se atreve a decir, que respetando el fallo del Tribunal Constitucional, la píldora está disponible en las farmacias a costos entre 5.000 y 9.000 pesos o más, y en los Consultorios si las mujeres somos violadas. Los municipios han prometido entregarla en sus dependencias, pero depende del criterio del alcalde de turno.

A inicios de este año se realizó una gran marcha contra el fallo del Tribunal Constitucional, que convocó a 15 mil personas, entre feministas, estudiantes, la izquierda, etc. Pero todo quedó ahí y nada cambio luego de que la derecha al final no lograra imponer todo su plan de derogar además el uso de otros anticonceptivos con levonorgestrel y el dispositivo intrauterino, pero si lograra finalmente impedir el acceso libre y gratuito a la pastilla del día después a las adolescentes, a las trabajadoras, a las pobres. Después de eso, hemos oído hablar a Bachelet en el 21 de Mayo de este año decir que la pastilla se repartirá en los municipios, mientras dependa del gobierno, pero los alcaldes de la derecha y los que se nieguen a la pastilla, incluso algunos de la Concertación, pueden llegar y definir por sus criterios ideológicos si se reparte o no. Además no es garantizado porque no se sabe si el gobierno se hará cargo de importarla o producirla. Hace poco entró en vigencia además el fallo del TC a la salud pública y oímos a la ministra Soledad Barría decir descaradamente a todas voces que "no hemos retrocedido en nada" y al mismo tiempo dice que no se podrá acceder a la pastilla en los consultorios si una no es violada, pero si puede comprarse en las farmacias, a merced del mercado. Hoy todo esto es tema electoral de estas municipales en que intentarán evadir responsabilidades, pero no podemos confiar en los mismos que han aceptado el fallo del TC, sea de la Concertación o la derecha.



La oscura realidad del aborto clandestino en Chile: La derecha obliga, la Iglesia condena, la justicia encarcela y la Concertación asiente




Es muy de derecha plantearse en contra de la pastilla del día después, pero no es suficiente con plantear sólo que se soluciona el problema del aborto, la maternidad con dificultades y los hijos no deseados con esta simple medida. Lo que sí se puede decir, es que situación del aborto clandestino en Chile con la decisión del TC, la derecha y la concesión de la Concertación, será aun peor. Esto sucede porque el problema es más de fondo y está velado por la clandestinidad de los casos de aborto. Las cifras de casos de aborto en Chile, superan los 160.000, se habla de 200.000. Estas cifras son estimadas, pues ocurren más casos de los que se saben por la ilegalidad de su práctica. Esto demuestra que la ilegalidad del aborto, no puede impedir que se realicen en estas cifras escandalosas. La mayoría de ellos, hechos con precarias condiciones en las poblaciones, con utensilios insalubres y practicados por gente que no maneja una operación, pero que por ayudar a las mujeres a evitar tener hijos, los realiza por bajo costo. Otros tipos de aborto se realizan en clínicas de otras especialidades, donde médicos ilegalmente los practican. Pero la impunidad para las ricas que se realizan abortos clandestinos, pero seguros y que no sufren ningún castigo de la ley, está garantizada, mientras que para las trabajadoras y pobres no, ya que la ley obliga a los trabajadores de la salud pública a denunciar a las mujeres que se han hecho un aborto, y las penas son no menos de 3 años a 5. Todo esto mientras es nula la educación sexual y en los colegios nada se habla de esta situación que las adolescentes tendrán que enfrentar, unas hipócritamente con dinero, otras, viviendo las consecuencias de una realidad hipócrita.

Esta realidad desconocida por muchos, llena de prejuicios contra estas mujeres, que la iglesia condena día a día con su ideología de la maternidad sagrada y la familia, con el rol sometido de la mujer, con la ideología del sufrimiento, el sometimiento y la pobreza, mantiene la legitimidad de la condena social. Como vemos no sólo es condena social y alabanzas por la "vida", mientras las violaciones a niños, asesinatos en la dictadura de los que muchos miembros de la iglesia fueron y son partícipes, revela una doble moral hipócrita; sino que además hay penas legales. Y de esto nada dicen, como nada dicen de las muertes por aborto clandestino, una cifra también muy solapada en Chile, mientras en Argentina se habla de 100 mujeres muertas por aborto por año, siendo la principal causa de muerte materna. Además hablan de la "vida" cuando nadie vive siquiera con los 250.000 mil que dice el cura Goic. Nadie vive con los sueldos de hambre que ni siquiera alcanzan los 200.000 pesos en muchos casos, no alcanza para alimentar a niños que nacen y nacen para morir de hambre después. El trabajo tampoco se garantiza para las trabajadoras que son despedidas por un embarazo o no son contratadas por ser madres. Y sumémosle la inflación.



La lucha por los anticonceptivos y el derecho al aborto libre, gratuito, legal y de calidad



A esta realidad es la que hay que enfrentar, y para ello hay una importante lucha que dar, que el movimiento de mujeres y la izquierda, le deben dar respuesta junto a las organizaciones de los trabajadores, pero sin confiar en la Concertación y la derecha.

Para luchar por el derecho de la pastilla del día después, sólo puede hacerse desde las organizaciones de izquierda y los movimientos feministas, en alianza con otros sectores sociales como los estudiantes, pero principalmente con los trabajadores. Porque ya han demostrado los partidos patronales, que no son capaces -por ser servidores de los empresarios y los sectores más conservadores- de otorgar esta mínima demanda. Además, para luchar realmente por dar respuesta de raíz al problema social del aborto, hay que plantear la lucha por: los anticonceptivos gratuitos, de calidad, libres y legales, como del aborto en estas mismas condiciones. Y decimos "aborto", porque la única forma de plantearse la lucha por terminar con el aborto clandestino es legalizar el derecho al aborto, que debe ser libre para que toda mujer decida por sí misma, debe ser de calidad porque debe ser asegurado por el Estado mediante la salud pública y por tanto gratuito, para el acceso de las mujeres que no pueden pagar una atención de calidad y que sea entendido como un derecho. Sin embargo, para conquistar estos derechos hay estrategias diferentes y se hará solo luchando y movilizándose. Primero, decimos que ya es un avance que algunas organizaciones feministas y de izquierda planteen la lucha por el aborto y los anticonceptivos, así como el derecho a la maternidad libre en estos términos, pero es necesario impulsarlo sistemáticamente y en alianza con otros sectores. Ya hay un llamado para este 30 de Septiembre al que adherimos. Segundo, creemos que no puede ser confiando en la Concertación, ni la derecha ni por tanto en el gobierno, como lo hace hoy El Juntos Podemos y el PC, o llamando a consultar el criterio de un alcalde para que entregue la píldora en su municipio si sale electo, como promueve el Mov. por la Defensa de la Anticoncepción, pues la misma Ministra de Salud hace campaña de la Concertación de este modo y no podemos confiar en ellos que en otros temas atacan a los trabajadores y el pueblo pobre.

Al mismo tiempo planteamos que la lucha hay que impulsarla junto con los trabajadores: los de la salud, para el fallo del TC se movilizaron y pararon, demostrando ser capaces de hacerse parte y tomar la iniciativa. Sin los trabajadores de la salud por el contrario, como plantearía una política autonomista de Feministas Autónomas, no podemos garantizar un servicio de salud pública que esté al servicio de las necesidades sociales, porque estos años de gobierno de la Concertación se ha priorizado la privatización y precarizado el servicio público de salud, con pésima calidad, pocos recursos, bajos sueldos para los trabajadores, flexibilización laboral y subcontratación, etc., al igual que la educación. Por ello, planteamos que mientras los trabajadores empiezan a dar muestras de recomposición social, objetiva (número) y subjetiva (luchas económicas, reivindicativas, políticas), en sus organizaciones sindicales, con huelgas y cuestionamiento al chile precario de los empresarios que administra la Concertación y la derecha; es necesario levantar la banderas de lucha por una política de clase independiente de toda variante patronal, para impulsar las demandas de las mujeres, frente a estas condiciones del capitalismo que perjudican más a las mujeres trabajadoras que son doblemente oprimidas en la casa y el trabajo, y a las pobres que no consiguen trabajar y viven precariamente en las poblaciones.

Hacemos un llamado a la CUT, organización más importante de los trabajadores, a las organizaciones feministas que nombramos que luchan por los derechos sexuales y reproductivos y a toda la izquierda y las organizaciones estudiantiles y de minorías sexuales a impulsar activamente, no sólo este 30 de septiembre, la campaña por el derecho al aborto libre, gratuito, legal y de calidad, como el acceso a todo anticonceptivo en las mismas condiciones, derecho de posnatal, guarderías gratuitas e irrestrictas para estudiantes y trabajadoras /es, derecho de maternidad libre, para luchar por los derechos de las mujeres, la juventud de los trabajadores y el pueblo pobre.

Estas y otras de las demandas más sentidas de los trabajadores y trabajadoras impulsamos desde clase contra clase, para dar respuesta hasta el final a la opresión, machismo, y la explotación de las mujeres y todos los oprimidos, impulsando un partido de trabajadores /as revolucionario contra esta democracia para ricos de los que aprueban el fallo del Tribunal Constitucional, que son los mismos que impulsan la LGE, la subcontratación y reprime a los mapuche.


28 de Septiembre de 2008

EL GÉNERO NOS UNE LA CLASE NOS DIVIDE




PROXIMAMENTE!!! TALLER DE GÉNERO Y CLASE EN EL PEDAGOGICO




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27 de Septiembre Marcha del Orgullo GAY y LGTTBI


Para luchar por los derechos de las minorías sexuales (LGTTBI), es necesaria una estrategia revolucionaria anticapitalista junto a los trabajadores

Como en mucho países, la marcha del orgullo gay y LGTTBI 1, se trata de una marcha que si bien denuncia la discriminación y la invisibilización de las minorías sexuales, se ha convertido en una fiesta donde las empresas de ropa, música, y otras más intentan dejar en segundo plano la importante cuestión de la política necesaria para reivindicar y dar respuesta a los problemas que día a día viven las personas que representan las minorías sexuales al no ser aceptados y discriminados en el ámbito laboral, en los colegios, por la iglesia, en los medios de comunicación, es decir, en general por esta sociedad conservadora que enaltece el papel de la familia patriarcal, el arribismo, el machismo y la opresión de las mujeres, la represión a los mapuche, condenando a todo el que se salga de las normas de lo moralmente y legalmente establecido.

Es necesario dar respuesta a las demandas sentidas de las minorías sexuales en Chile y el mundo, donde no se da trabajo a los transgénero, la educación aísla y rechaza a jóvenes lesbianas y homosexuales. Si bien es positivo que exista una unidad del movimiento LGTTBI para luchar por demandas como la Unión Civil, la Ley contra la Discriminación, educación sexual más abierta a discutir e integrar a las minorías sexuales, salud, vivienda, etc.; también es cierto que hay diferencias de clase que condicionan de manera primordial la forma de vivir la opresión sexual y todo tipo de opresión. Un trabajador homosexual o una trabajadora lesbiana, sufre con más peso la opresión de pertenecer a una minoría sexual, porque además de ser discriminados /as por esta condición, son explotados como todo el resto de los trabajadores que reciben en este chile neoliberal sueldos de hambre, donde no existen medios de protección contra el despido de los patrones, se está más expuesto a la opresión social y el acoso. Es por eso que es importante rechazar la discriminación laboral.

Por esto desde clase contra clase y las armas de la crítica, planteamos que los trabajadores pueden y debe tener respuesta frente a estos problemas, pues entre su misma clase, se viven muchos tipos de opresión que el sistema capitalista aprovecha y reproduce para seguir explotando a los trabajadores /as y seguir reproduciendo este sistema. Así se oprime a las mujeres, a la juventud, a inmigrantes que son muchos, sino mayoría, parte de la clase trabajadora. Es necesario que las organizaciones de izquierda, feministas, organizaciones de minorías sexuales, organizaciones estudiantiles y de trabajadores den una respuesta a las legítimas demandas democráticas de los grupos LGTTBI, pero sobre todo dando una salida anticapitalista, sin confiar en partidos patronales como los de la Concertación y la derecha. Pues estos partidos son los que defienden los derechos de los empresarios y de nada servirá que los empresarios quieran lucrar en mercados para las minorías sexuales a costa de su opresión, mostrando una falsa libertad en el neoliberalismo (o en el capitalismo) donde supuestamente mostrarse garantiza libertad. Pues será luchando por sus demandas activamente y al mismo tiempo acabando con la sociedad capitalista que no permite la libertad ni la igualdad y menos el fin de la explotación, como se podrá tener las condiciones para liberarse. Con una lucha en alianza con los trabajadores y desde la clase trabajadora, es como se dará solución hasta el final para terminar con todo tipo de explotación y opresión.


1 LGTTBI: Lesbianas, gays, transexuales, transgéneros, travestis, bisexuales e intersexuales.

Clase y Género

Clase contra clase

Las Armas de la Crítica