Derechos humanos, aborto e hipocresía.

Ponencia de Eloísa Huaiquilaf en el Foro sobre Derechos Reproductivos (UMCE).

El pasado día 4 de abril el Tribunal Constitucional dio a conocer un comunicado en el cual expone - a grandes rasgos- la acogida parcial de un requerimiento presentado por 36 diputados de derecha, en contra del Decreto Supremo Nº 48/2007 del Ministerio de Salud, que aprueba las “Normas Nacionales Sobre Regulación de la Fertilidad”.

Este comunicado, expone lo esencial de la votación realizada el 28 de marzo del 2008 en dicho tribunal, y cuyo fallo está en redacción.

El requerimiento, encarnando lo más autoritario y recalcitrante de la derecha, pretendía que se declarara inconstitucional el punto 4.1.1 de la Sección C de las aludidas normas sobre fertilidad, que hace referencia a los denominados “Dispositivos Intrauterinos” (DIU); lo cual fue “desestimado” o no acogido. Por lo tanto, estos seguirán considerándose constitucionales y aplicables.

También buscaba declarar inconstitucionales las normas sobre confidencialidad en la orientación y consejería a menores de edad, acerca del uso de métodos de regulación de la fertilidad. Tal punto tampoco fue acogido.

Sin embargo, si se acogió el requerimiento para que se declare la inconstitucionalidad del punto 3.3. de la Sección C de las mismas normas, que ordenan al sistema público de salud aconsejar y distribuir los métodos de “Anticoncepción Hormonal de Emergencia”, conocidos genéricamente como “píldora del día después”. Por lo tanto, este método no podría seguirse distribuyendo en los organismos de servicio público de salud.

Según datos que maneja Amnistía internacional, el componente Levonogestrel lo poseen el 100% de los anticonceptivos entregados por el sector público y 40% del sector privado.

Claramente, la acogida de esta medida se convertirá en un problema adicional a las ya fracasadas políticas públicas de salud reproductiva, pero lo más grave, será una nueva violación de los derechos sexuales y reproductivos de 3 millones de mujeres entre 15 y 49 años que utilizan alguno de estos métodos de prevención del embarazo, (según datos del INE -instituto nacional de estadísticas- y la CEPAL); afectando exclusivamente a las mujeres más pobres, que son quienes acceden a dichos métodos -a través del sistema público de salud. Pues recordemos, la acogida de este requerimiento no prohíbe la comercialización de estos, sino solo su repartición en organismos de salud públicos, como parte de las “Normas Nacionales Sobre Regulación de la Fertilidad” que habrían incluido jurídicamente la repartición gratuita de dicho método.

No solo se violan los derechos humanos de las mujeres, acogidos en diversos tratados internacionales, que apuntan a resguardar los derechos sexuales y reproductivos, sino también el derecho a la no discriminación por estatus socioeconómico, según lo anteriormente expuesto

La Conferencia Mundial sobre población y desarrollo en El Cairo, realizada en 1994, acordó definir la salud reproductiva como: “un estado general de bienestar físico, mental y social, y no de mera ausencia de enfermedades y dolencias, en todos los aspectos relacionados con el sistema reproductivo y sus funciones y procesos” (…) “la salud reproductiva entraña la capacidad de disfrutar de una vida sexual satisfactoria y sin riesgos, así como de procrear, y la libertad para decidir hacerlo o no hacerlo, cuando y con qué frecuencia. El hombre y la mujer tienen derecho de obtener información y acceso a métodos seguros, eficaces, asequibles y aceptables, así como el derecho a recibir servicios adecuados de atención de salud que permitan los embarazos y los partos sin riesgos”.

La mujer que, privada de su derecho a acceder a información adecuada acerca de los métodos anticonceptivos, al acceso efectivo y oportuno a estos métodos; está viendo violados sus derechos reproductivos, reconocidos a nivel internacional; lo cual probablemente derive en un embarazo no deseado –privándola del mencionado bienestar físico, mental y social relacionados con el proceso reproductivo, del derecho a decidir si procrear o no, cuando y cuantas veces-. Peor a un, si se viese obligada por condiciones sociales y económicas a abortar, no tiene derecho a hacerlo sin riesgo; cuestión que -aunque tampoco sea su derecho-, podrá una mujer rica obtener en una clínica privada pagando por ello, mientas una mujer pobre sufrirá complicaciones de un aborto insalubre, mal hecho, clandestino y riesgoso para su integridad física.


ABORTO Y PENALIZACION

Chile, al prohibir el aborto en cualquier circunstancia y sin excepción alguna, (del Art. 342 al 345 del Código Penal) viola a todas luces los tratados suscritos de derecho internacional, pues si quiera el aborto terapéutico está permitido. Si una gestación inevitablemente comprometerá la salud de la madre y del feto, cuestión que la ciencia médica ya puede determinar por medio de su progreso tecnológico, aun así no podrá interrumpirse, pues el derecho penal chileno condena a no poder intervenir el embarazo, condena a la madre a morir, y por ende también, al que está en gestación, sin poder acceder al procedimiento médico de aborto para salvar la vida de la mujer. Sin respeto al derecho a la salud, a la integridad física, ni a la vida.

Cabe mencionar que las hipótesis de penalización del aborto que recoge el Código penal chileno, fueron tomadas del Código penal español de 1850, las cuales se encuentran completamente desechadas en el país de origen. El título VII del Cod penal que sanciona, entre otros tópicos, el aborto, se denomina: CRÍMENES Y DELITOS CONTRA EL ORDEN DE LAS FAMILIAS, CONTRA LA MORALIDAD PÚBLICA Y CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL. Se considera uno de los ordenamientos más restrictivos del mundo.

Las penas que se asignan por concepto de autor, cómplice o encubridor de un aborto, y que variaran según se determine el grado de participación y comisión de este, van de 541 días a 5 años de cárcel.

Según datos extraídos de la investigación realizada por el Foro Red de Salud y Derechos Sexuales y Reproductivos, un importante porcentaje de los casos de mujeres denunciadas por aborto no recibió defensa legal alguna, en promedio solo un 38% del total de mujeres en proceso recibió defensa legal y un 60% no tuvo en su proceso ningún tipo de intervención de un profesional, cabe destacar que esta situación transgrede la garantía constitucional del derecho a defensa judicial.

Finalmente, quisiéramos abrir una reflexión acerca de la penalización del aborto en Chile, en relación a la realidad que se pretende ocultar y/o criminalizar.

El 35% del total de embarazos en Chile terminan en aborto, es decir, más de un tercio de los embarazos en mujeres de 15 a 49 años, -según datos extraídos del Proyecto de Ley Marco sobre Derechos Sexuales y Reproductivos (Santiago de Chile, 2000)-

Abortos que condenan a la clandestinidad a todas las mujeres que pretenden ejercer el derecho a decidir sobre sus cuerpos, pero que más gravemente condenan a las mujeres e hijas de la clase trabajadora y a las mujeres pobres en general, a poner en riesgo sus vidas para poder decidir si tener hijos o no, practicándose abortos insalubres que causan secuelas graves en su salud o inclusive acarrean la muerte.

Sin embargo, los discursos “pro-vida” - pretenden imponer una moral a todas las mujeres, de respeto irrestricto a “la vida que está por nacer” (que más bien es la existencia de un feto en gestación, y al cual le queda un largo proceso biológico para poder ser considerado un feto viable y con posibilidades de nacimiento; no siendo estrictamente una “vida”).

Coincidentemente, la actual regulación penal chilena considera a la mujer y el valor de su vida como un bien jurídico, subordinado al feto en gestación.

Este criterio es tomado por la Constitución de 1980, en el Artículo sobre las Garantías y Derechos de las Personas, donde se garantiza la protección de “la vida del que está por nacer”, separando esta vida de quien la concibe y de su libertad para decidir respecto del embarazo.

Así, finalmente quienes se declaran respetuosos de la vida y acogen la “defensa de la vida del que esta por nacer”, han condenado a las mujeres que pretenden ejercer el derecho humano a decidir sobre su reproducción -especialmente a las más pobres- al riesgo de morir en abortos clandestinos. Son responsables de un tercio de las muertes maternas, atribuidas a abortos mal realizados o que derivan en complicaciones.

Estos, no podrán hacerse cargo de las vidas que no defienden: las vidas de cada mujer que aborta y muere en clandestinidad.

Otros deciden por nuestros cuerpos y vidas. Por derechos reproductivos gratuitos, libres y de calidad.




Desde el año pasado, la derecha y la iglesia, han estado posicionándose en el caso de la "píldora del día después", con un recurso en contra de esta medida que la Concertación impulsó como respuesta al embarazo adolescente. Pero han ido más allá y una vez más pasaron a llevar nuestros derechos reproductivos y se han autoproclamado dueños y señores de nuestros cuerpos y destinos, rechazando el derecho a:

• T de Cobre

• Píldoras Anticonceptivas de Emergencia que contengan levonorgestrel (pastilla del día después)

• Píldoras combinadas (anticonceptivos normales) que contengan levonorgestrel y un estrógeno (todas las pastillas que dan en los consultorios)

•Servicios de anticoncepción y consejería a jóvenes mayores de 14 años sin consentimiento de sus padres/madres.

El fallo del Tribunal Constitucional finalmente determinó en los días 2 y 3 de Abril, (de 5 votos contra 4) prohibir:

• Píldoras Anticonceptivas de Emergencia que contengan levonorgestrel (pastilla del día después)

• Píldoras combinadas (anticonceptivos normales) que contengan levonorgestrel y un estrógeno (todas las pastillas que dan en los consultorios)

Esto no es nada nuevo, porque la derecha y la iglesia cada vez que se ha abierto el debate, lo llevan a los marcos valóricos y morales, que esconden su verdadera posición. Ya que cada vez que surge la discusión plantean que prácticamente todos los anticonceptivos son abortivos, imponiendo su visión ideológica. Si la iglesia pretende mostrarse a favor de la vida, sólo protegen una sociedad que necesita seguir generando personas, nuevas generaciones de mano de obra, porque las que no tenemos las condiciones económicas para criar un hijo, ni siquiera podemos pensar en tener una vida decente con los sueldos de hambre y los pocos derechos que tenemos, como para además estar obligadas a cargar con hijos si no queremos o no podemos. Lo que hacen es anteponer la vida de otro ser humano, por sobre las condiciones de vida de nosotras las mujeres, que somos las últimas en poder decidir sobre nuestros cuerpos y vidas y si lo hacemos a favor del aborto, somos condenadas.

Cuando hablamos de derechos reproductivos, se trata de derechos que han sido conquistados por las mujeres años atrás, con luchas, ascenso de las masas, cambios sociales y culturales. El debate valórico pretende darle espacio a que la derecha y la iglesia impongan una visión que argumentan diciendo que los anticonceptivos impiden la implantación del óvulo en el útero, pero si es así, podrían estar contra cualquier método. Son muchas las adolescentes que quedan embarazadas por no haber podido optar, teniendo que cargar quieran o no con un hijo que les cambiará la vida. Pero la realidad de las mujeres se ve cruzada por la necesidad de optar, por lo que muchas deciden abortar, por muchas causas, económicas o por no querer tener hijos simplemente. ¡Hoy ocurren en el país entre 160.000 y 200.000 abortos al año, aun cuando el aborto es ilegal; mañana, con el reciente fallo, ocurririán el doble de abortos y tendríamos el doble de mujeres MUERTAS por abortos clandestinos!

Es por esto que no se puede tapar con un dedo una realidad que la ley contra el aborto o la posición de la derecha y la iglesia por limitar nuestras opciones intentan tapar. Por otra parte es una discusión que tiene carácter de clase, porque es sabido que las mujeres que tienen el dinero para pagar un aborto en una clínica privada acceden a él sin quedar con secuelas, mientras las que no tienen el dinero, las pobres y las trabajadoras, no tenemos opción y hay, además, cárcel y castigo para las que son denunciadas a la justicia. Tampoco la Concertación puede dar una solución hasta el final, porque si bien es la derecha y la iglesia las que han impuesto su postura conservadora, el gobierno de Bachelet ha prometido la pastilla del día después como una medida que se deja a la decisión de cada municipalidad su entrega, además de que no es gratuita. Entonces si bien la Concertación defiende los anticonceptivos, no le da una lucha política a la derecha hasta el final y se queda en medidas que hasta hoy han sido soluciones parches. Esto porque no ha dado grandes soluciones a la realidad del aborto en este país, donde tenemos una de las leyes más restrictivas que deja a mujeres en la cárcel, con complicaciones, muertes de mujeres por aborto clandestino por no tener dinero para pagar un aborto decente, como lo hacen las mujeres acomodadas. Simplemente deciden otros por nuestros cuerpos y vidas, mientras la derecha es conservadora, la concertación más democrática no da soluciones hasta el final. No se trata entonces sólo de defender las pastillas y métodos anticonceptivos y de que estos no sean abortivos, sino que debemos luchar por condiciones y derechos reproductivos de calidad, gratuitos y libres.

Frente a esto, desde Género y Clase, luchamos por:

¡El derecho a anticonceptivos y ABORTO: libres, gratuitos y de calidad!

¡Por educación sexual para todos y todas!

¡Por el derecho a la maternidad libre y derechos de posnatal!

¡Por jardines infantiles gratuitos e irrestrictos para madres trabajadoras y estudiantes!

www.clasecontraclase.cl
www.armasdelacritica.cl
http://claseygenero.blogspot.com

Los derechos reproductivos de las mujeres, otra vez en discusión y peligro. Deciden otros por nuestros cuerpos y destinos.

Desde el año pasado, la derecha y la iglesia, han estado posicionándose en el caso de la "píldora del día después", con un recurso en contra de esta medida que la Concertación impulsó como respuesta al embarazo adolescente. Pero han ido más allá y una vez más, están pasando a llevar nuestros derechos reproductivos, ya que no sólo estarían en el Tribunal Constitucional apelando en contra de dicha pastilla, sino que además contra métodos anticonceptivos utilizados por más de 40 años por las mujeres del país y sobretodo las más pobres y las trabajadoras, como el método Intrauterino o T, poniendo en peligro el uso de otros anticonceptivos. La semana pasada se reunieron los abogados a cargo en el Tribunal Constitucional, sin llegar a una salida sobre si son o no abortivos estos métodos.

Esto no es nada nuevo, porque la derecha y la iglesia cada vez que se ha abierto el debate, lo llevan a los marcos valóricos y morales, que esconden su verdadera posición. Ya que cada vez que surge la discusión plantean que prácticamente todos los anticonceptivos son abortivos, imponiendo su visión ideológica. Si la iglesia pretende mostrarse a favor de la vida, sólo protegen una sociedad que necesita seguir generando personas, nuevas generaciones de mano de obra, porque las que no tenemos las condiciones económicas para criar un hijo, ni siquiera podemos pensar en tener una vida decente con los sueldos de hambre y los pocos derechos que tenemos, como para además estar obligadas a cargar con hijos si no queremos o no podemos. Lo que hacen es anteponer la vida de otro ser humano, por sobre las condiciones de vida de nosotras las mujeres, que somos las últimas en poder decidir sobre nuestros cuerpos y vidas y si lo hacemos a favor del aborto, somos condenadas.

Cuando hablamos de derechos reproductivos, se trata de derechos que han sido conquistados por las mujeres años atrás, con luchas, ascenso de las masas, cambios sociales y culturales. Pero esos derechos no los resguardan los que gobiernan, porque la iglesia tiene injerencia en estos temas y son ellos junto a la derecha y la concertación los que terminan decidiendo por nosotras, cuando es nuestra vida la que se ve transformada con un hijo. El debate valórico pretende darle espacio a que la derecha y la iglesia impongan una visión que argumentan diciendo que los anticonceptivos impiden la implantación del óvulo en el útero, pero si es así, podrían estar contra cualquier método.

La realidad es que hay anticonceptivos de mala calidad, caros y nula educación sexual. Son muchas las adolescentes que quedan embarazadas por no haber podido optar, teniendo que cargar quieran o no con un hijo que les cambiará la vida. Tendrán que trabajar o ser dueñas de casa, afectando a sus familias, pero sobretodo, hacerse cargo ellas mismas de una persona más. Pero la realidad de las mujeres se ve cruzada por la necesidad de optar, por lo que muchas deciden abortar, por muchas causas, económicas o por no querer tener hijos simplemente. Ocurren en el país entre 160.000 y 200.000 abortos al año, aun cuando el aborto es ilegal, es por esto que no se puede tapar con un dedo una realidad en que ni la derecha y la iglesia pueden solucionar, porque pasan sobre nuestros derechos reproductivos y limitan aun más nuestra opción. Tampoco la concertación puede dar una solución hasta el final, con una "pastilla del día después" que es atacada por ser supuestamente abortiva, y que no podemos utilizar cuando otros no lo permiten y no está a la disposición de nadie. Ahora pretenden traer otra pastilla, que no sería abortiva, prometiendo una vez más una solución, para dos años más. Aunque estamos en contra que se considere abortivos a los anticonceptivos, el debate no se puede reducir a esto.

Entonces se trata de una discusión hipócrita, porque por más que el gobierno quiera legislar respetando a la iglesia y el conservadurismo, los valores del respeto de la vida por la vida y contra el aborto, seguirán ocurriendo abortos. Y no hay ley ni decisión de ellos que pueda tapar esta realidad. Por otra parte es una discusión que tiene carácter de clase, porque es sabido que las mujeres que tienen el dinero para pagar un aborto en una clínica privada acceden a él sin quedar con secuelas, mientras las que no tienen el dinero, las pobres y las trabajadoras, no tenemos opción y ante la desesperación, sólo tenemos en última instancia el aborto clandestino de mala calidad con secuelas insalubres, y hay además cárcel y castigo para las que son denunciadas a la justicia. Entonces si además se avanza en condenar métodos anticonceptivos, el problema del aborto será aún más recurrente, poniendo en riesgo la vida de las mujeres, que no podrán optar ni siquiera por métodos anticonceptivos que ponían algún freno al aborto clandestino.

Frente a esto, desde Género y Clase, creemos que no basta con defender la pastilla del día después, o defender los anticonceptivos por no ser abortivos. Sino que debemos luchar por anticonceptivos de calidad, gratuitos y para todas, y la opción de poder abortar en los casos que las mujeres lo requieran, de opción libre, que las mujeres decidamos sobre nuestros cuerpos y vidas, gratuito y de calidad. Si la iglesia quiere normar con su ideología conservadora y machista, que lo haga en su iglesia, pero que no decida sobre el Estado, ni sobre nuestras vidas.

Por el derecho a anticonceptivos y aborto: libres, gratuitos y de calidad.

Por educación sexual para todos y todas.

Por el derecho a la maternidad libre y derechos de posnatal

Por jardines infantiles gratuitos e irrestrictos para madres trabajadoras y estudiantes

Abortos doblarían a los nacimientos

Según estudio de la Facultad de Medicina de la U. de Chile, que actuó como perito.
  • Si el Tribunal Constitucional acoge un requerimiento interpuesto por un grupo de parlamentarios en contra de las Normas Nacionales sobre Regulación de la Fertilidad emanadas por el Ministerio de Salud que hoy rigen, en nuestro país se abortarían 2,2 niños por cada nacido adicionalmente a las cifras actuales, así como aumentaría la mortalidad materna y neonatal, entre otras nefastas consecuencias.

Los abortos clandestinos anuales superarían a los nacimientos en nuestro país si es que el Tribunal Constitucional resuelve a favor del requerimiento de inconstitucionalidad interpuesto por parte del diputado José Antonio Kast y otros 35 parlamentarios de la misma bancada en contra de las Normas Nacionales sobre Regulación de la Fertilidad emanadas por el Ministerio de Salud actualmente vigentes. Esta es sólo una de las abrumadoras conclusiones a las que llegaron expertos de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, entidad que convocada en calidad de perito informante por parte del organismo estatal.

Y es que en Chile nacen 200.000 niños al año, cifra que se vería superada ampliamente por la proyección de 275.000 abortos en el mismo período, los cuales se producirían si es que se suspende la venta y entrega de fármacos que contengan levonorgestrel y el dispositivo intrauterino, los cuales, según afirman quienes interpusieron el recurso, tienen mecanismos de acción que atentan contra el supuestamente concebido y no nacido.

Debido a la solicitud del Tribunal Constitucional a la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, los doctores Giorgio Solimano, director de la Escuela de Salud Pública del plantel, y Ramiro Molina, profesor titular de la institución y creador de su Centro de Medicina Reproductiva y Desarrollo Integral del Adolescente, CEMERA, prepararon un detallado documento técnico, en el cual esta casa de estudios apoya científicamente las Normas Nacionales sobre Regulación de la Fertilidad emanadas por el Ministerio de Salud que rigen en la actualidad y desvirtúa el riesgo abortivo sospechado del uso de anticonceptivos. Los expertos, además, hicieron una presentación sobre la materia ante los integrantes del Tribunal Constitucional.


Las conclusiones

El documento técnico presentó, entre otras conclusiones, que la tendencia a la baja en la natalidad en nuestro país refleja una conducta cultural de control, en la que la aparición de programas de control de la fecundidad llenó una necesidad de la población más desposeída. Por ello, la restricción a los métodos modernos de planificación familiar no cambiará esta conducta cultural, sino que aumentará el uso de medidas clandestinas de mucho riesgo para mantener la natalidad deseada, como es el aborto provocado.

De allí, se colige que aumentarían las tasas de mortalidad infantil, neonatal, materna y por aborto, echando por tierra los esfuerzos e inversiones sanitarias realizados en materia de salud reproductiva en Chile durante los últimos 45 años.

En la presentación que realizaron los doctores Molina y Solimano ante los integrantes del Tribunal Constitucional, se proyectó para el período 2008-2015 el impacto que tendría en algunos indicadores de salud el potencial cambio de la Normativa Nacional sobre Regulación de la Fertilidad. Entre sus conclusiones, se destacó que hay una correlación significativa entre el uso de anticonceptivos modernos y los descensos de la fecundidad, egresos hospitalarios por aborto, mortalidad materna por aborto y total. Asimismo, hay correlación entre la baja de la natalidad y el descenso de la mortalidad neonatal e infantil.

También dieron a conocer que está demostra

do que la prevención de la gestación en mujeres con alto riesgo de aborto –aquellas que no desean o no esperan un embarazo-, mediante planificación familiar y acceso a los servicios de salud impacta en el descenso del aborto provocado y clandestino, y no en las tasas de fecundidad.


El impacto en cifras

En Chile, un tercio de las mujeres en edad fértil de entre 15 y 49 años usan métodos de planificación familiar, ya sean hormonales o dispositivo intrauterino, un total de 3.358.196 personas. De ellas, el 54,8% usa píldoras an

ticonceptivas; el 42,8% utiliza el DIU y el 2,4% inyectables. La restricción a las normativas actuales prohibiría su entrega o adquisición, por lo que el primer impacto sería en el alza de natalidad, con un aumento promedio potencial de 150.000 nacidos vivos anuales; sin embargo, los abortos clandestinos llegarían a 275.000, cálculo basado en el estudio “Presentation of pregnancy in high risk women. Community intervention in Chile in abortion in developing countries”, OMS, 1999, investigación liderada por el doctor Ramiro Molina.

De este número de abortos, se espera una proporción de un 20% de mujeres que presentarían complicaciones, demandando anualmente 56.000 hospitalizaciones en maternidades; es decir, un 58% más de casos que las reportadas por el Ministerio de Salud, con esta causa, durante el 2004, lo que redundaría en un colapso del sistema hospitalario en todo el país. Y si es que se lograra absorber toda esta demanda, aún así el aumento de la mortalidad materna por aborto se estima que crecería entre dos y cinco veces.

Por otra parte, el fenómeno tendría un menor impacto en la población femenina de los quintiles superiores de ingreso, puesto que accederían a la adquisición de anticonceptivos modernos por importación, compra en países vecinos o en el mercado negro, por lo que se generarían diferencias inequitativas, que son aquellas que se pueden prever, prevenir, que existen medidas para hacerlo y posibilidad de aplicarlas.


Una vez más: el LNG no es abortivo

Finalmente, los expertos de la Facultad de Medicina se refirieron a que el análisis científico de los métodos anticonceptivos incluidos en la norma ministerial muestra que no actúan sobre el óvulo fecundado, en su transporte por el oviducto o Trompa de Falopio ni en el proceso de implantación en endometrio o capa interna del útero. Así, explicaron que su mecanismo de acción impide que se produzca la ovulación y sobre la preparación o maduración del espermatozoide en su paso por la cavidad del útero o matriz hacia el oviducto. Por tanto, no existen hasta hoy evidencias científicas que demuestren que el mecanismo de acción de los métodos anticonceptivos hormonales, los dispositivos intrauterinos y las píldoras anticonceptivas de emergencia con Levonorgestrel actúen eliminando el óvulo fecundado en la trompa o en el interior del útero, impidan su implantación en el endometrio o desprendan el óvulo fecundado desde su implantación en el endometrio.

Los doctores Molina y Solimano se encuentran aguardando la resolución del Tribunal Constitucional, “en la cual esperamos que se considere favorablemente la postura de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, no sólo en beneficio de las mujeres y niños de nuestro país, sino que por todos los avances que ha tenido nuestro país en materia de salud pública durante las últimas décadas y por los cuales tenemos reconocimiento mundial”, afirma el doctor Molina.


Fuente: Facultad de Medicina, Universidad de Chile.