DECLARACIÓN DE PAN Y ROSAS ANTE EL XXII ENCUENTRO NACIONAL DE MUJERES

Ellas y Nosotras

Una vez más, como desde hace 22 años, somos miles las que nos reunimos en el Encuentro Nacional de Mujeres. Pero este año, con la particularidad de que el encuentro se desarrolla quince días antes de las elecciones nacionales. Y no sólo eso, sino que, esta vez, las principales candidatas a la presidencia son mujeres. Hay quienes creen que el hecho de que las mujeres accedan a estos puestos de poder, significa un paso en la conquista de nuestros derechos, pero ¿es éste "el siglo de las mujeres" como dice Cristina Kirchner?

Desde que inició la campaña electoral, Kirchner no se cansó de decirnos que "la profundización del cambio viene de la mano de una mujer". Pero a pesar de la "presencia femenina" en este gobierno, la realidad ha demostrado, como si hiciera falta, que el "género" no es garantía de nada. No sólo asistimos a los enredos de los casos de corrupción donde las involucradas fueron altas funcionarias –la bolsa de Felisa Miceli en el baño del Ministerio de Economía, los gastos exorbitantes de Romina Picolotti en la Secretaría de Medio Ambiente o las sospechas de tráfico de armas de la ministra del Interior Nilda Garré-, sino que, además, en los últimos meses, hemos visto a la propia Cristina mostrando -cada vez con menos tapujos- su política pro-empresarial. De gira por Europa, reuniéndose con las empresas multinacionales para asegurarles las mejores condiciones para enriquecerse en nuestro país; viajando a EE.UU. para sumarse a la cruzada imperialista contra Irán o prometiendo el pago de 6.500 millones de dólares al Club de París, Cristina no hace más que mostrarnos que lo que en verdad se profundizará con su gobierno no es ningún "cambio", sino el beneficio de ganancias exorbitantes para los empresarios... tarea que ya había iniciado su marido, todavía en el gobierno.

Si durante el gobierno de Kirchner las 500 empresas más grandes aumentaron sus ganancias en un 100%, mientras el poder adquisitivo promedio de la clase trabajadora se mantuvo aún por debajo de los niveles previos a la devaluación; ahora la candidata por el oficialismo viene anunciando –como lo hizo en el encuentro de IDEA que nuclea a las empresas más grandes del país-, que "el rol de los empresarios es fundamental para reconstruir el capitalismo". Los llama a invertir en el país, y a cambio les promete las mejores condiciones para hacer sus negocios: aumento de tarifas, enormes subsidios a las empresas de transporte, eliminación de la doble indemnización, índices de precios dibujados a su antojo para mantener los salarios bajos...

Pero Cristina sabe que para sostener este modelo, no puede dejar de apoyarse en un actor fundamental: la burocracia sindical. Sin la "ayuda inestimable" de los burócratas sindicales no podría "mantener a raya" al movimiento obrero. Por eso promete "gobernabilidad" bajo un pacto social, donde además de los empresarios, haya "sindicatos fuertes"... para la traición y la entrega, "fuertes" –claro está- para negociar los topes salariales con la patronal y el gobierno, para contener y boicotear cualquier proceso de lucha, para entregar a las trabajadores y trabajadoras a las condiciones de miseria y explotación que la candidata nos augura que van a profundizarse. Y para este pacto social, Néstor Kirchner ya le viene preparando el terreno. Este gobierno, que se dijo "de los derechos humanos", votó hace unos meses la ley antiterrorista, ya eliminó la doble indemnización, pero además viene atacando, persiguiendo y reprimiendo a las trabajadoras y trabajadores que salen a enfrentarlo. Desde principios de año, las docentes de Santa Cruz salieron a las calles a luchar por un salario acorde a la canasta básica familiar y el blanqueo de las sumas en negro que forman su salario. La respuesta fue la militarización de la provincia del matrimonio K; docentes de Neuquén siguieron el mismo camino y la respuesta fue la represión y el asesinato del maestro Carlos Fuentealba; trabajadoras y trabajadores del Hospital Francés enfrentaron el vaciamiento y les enviaron la gendarmería; en el INDEC, las trabajadoras y trabajadores estatales se opusieron a los índices retoKados y fueron reprimidos por la infantería; el Cuerpo de Delegados del Subte denuncia los enormes peligros que corren los pasajeros por la falta de mantenimiento de los trenes que no realiza la empresa Metrovías, y el gobierno –con la complicidad de la burocracia de la UTA- los acusa de "vándalos" y amenaza con sanciones y despidos.

Pero no sólo cada vez nos atacan más cuando salimos a luchar, sino que además, bajo este gobierno continúa la impunidad. Hace un año, en el Encuentro Nacional de Mujeres que realizamos en Jujuy, exigimos la aparición con vida de Jorge Julio López, que hacía un mes que había desaparecido, después de testificar contra el genocida Etchecolatz. Lamentablemente, en este Encuentro Nacional de Mujeres en Córdoba debemos levantar el mismo reclamo. Pasó ¡un año! y este gobierno no ha hecho nada para encontrar a los responsables... mientras el 95% de los represores de la dictadura militar sigue impune. Es que es este mismo Estado de los capitalistas, con el gobierno de turno que sea, el que necesita de las fuerzas represivas para atacar y reprimir a la clase trabajadora que sale a luchar y a todas y todos los que exigimos nuestros derechos.

Por eso, en este Encuentro, a un año de la desaparición de López, las mujeres luchadoras debemos sumarnos y doblegar nuestras fuerzas para exigirle al gobierno su aparición con vida y el castigo inmediato a los responsables.

Si desde que asumió Kirchner denunciamos su doble disKurso, hoy tenemos que decir que Cristina se pronuncia sin ambigüedades... en contra de nuestros derechos. Sumado a su perfil empresarial, también se muestra abiertamente en contra del derecho al aborto, anunciando que "no está aún en la agenda política de la Argentina como tema de debate". Su compañero de fórmula, Julio Cobos, el radical K que se candidatea a vicepresidente, aliado de la Iglesia y partidario de "la mano dura", también ha declarado que "por convicción humana y religiosa, estoy en contra del aborto". El actual gobierno, aunque con algunos funcionarios que se pronunciaron en algún momento a favor de la despenalización, no ha hecho nada para evitar las más de 400 muertes por año que causan los abortos clandestinos. Cristina pretende continuar con la misma tónica. La candidata, además de hacer campaña electoral con los empresarios, se toma su tiempo para reunirse con los obispos, como hace muy pocas semanas, cuando asistió a la inauguración de las obras de restauración en la basílica de Luján.

Pero la oposición es más de lo mismo. Otra de las candidatas, Elisa Carrió, que pretende mostrarse como una alternativa es, en realidad, otra defensora de los sectores económicos más concentrados. Indignada con el actual gobierno, sostuvo que su política será "dejar en paz al campo", ya que le parecen exageradas las retenciones que se le aplican a los multimillonarios oligarcas de la Sociedad Rural. Pero por lo que no se indigna Carrió es por las grandes riquezas que concentra este sector, que además es uno de los responsables de la creciente inflación, mientras los pueblos originarios de su Chaco natal son diezmados por la desnutrición, por poner sólo un desgraciado ejemplo. Tampoco se indigna con la desaparición de López. Más bien, afirma que "tiene que haber un nuevo trato con los militares", propiciando la reconciliación con los milicos genocidas, bajo el "manto piadoso" que quiere imponer su amigo, el cardenal Bergoglio. Como fiel vocera de los intereses más retrógrados y reaccionarios de la Iglesia, no sólo se pronuncia en contra del derecho al aborto, sino que además ¡se opone a la ligadura de trompas!

También están los que nos quieren presentar a Gabriela Michetti, la vicejefa del gobierno macrista de la Ciudad de Buenos Aires, como una cándida señora ajena a la política. Ella dice que "en política, las mujeres somos más sensibles que los hombres", pero lo que calla es que no nació a la política de la mano del derechista Macri, sino que fue funcionaria del Ministerio de Economía durante las gestiones de Domingo Cavallo y Roque Fernández, y trabajó para el BID y el Banco Mundial en el 2002. En las últimas semanas, diputados del PRO presentaron un proyecto de ley para impedir cualquier mínimo avance del derecho al aborto, proponiendo que se les impida interrumpir su embarazo forzoso incluso a las mujeres víctimas de violaciones.

¡Que sean mujeres no nos garantiza nada! Tanto oficialistas como opositoras son variantes de este régimen que somete a la explotación y opresión a millones de trabajadoras y trabajadores. Mientras ellas tienen sus partidos para hacer política a favor de los centros de poder financieros y el imperialismo, de reconciliación con los genocidas y de propiciar mayor injerencia de la Iglesia en el Estado y nuestras vidas, somos las mujeres trabajadoras y de los sectores populares las que sufrimos con jornadas laborales extenuantes, con salarios miserables, somos nosotras las que padecemos la precarización laboral y el trabajo en negro, las que sostenemos hogares milagrosamente con subsidios miserables, las que morimos por abortos clandestinos.

Mientras nos quieren hacer creer que éste es "el siglo de las mujeres", más del 54% de las mujeres que trabajan lo hacen en negro, lo que significa un gran "ahorro" para los empresarios y más penurias para nosotras. Además de los bajos salarios, nos privan de seguro por accidentes laborales, obra social y aportes a la jubilación, además de no cobrar aguinaldo y vacaciones, ni indemnización en caso de despido, ni hablar de licencias por maternidad. Ni siquiera las trabajadoras efectivas cuentan, en su mayoría, con guarderías gratuitas para sus hijas e hijos. Además, las mujeres seguimos cobrando salarios que son un 32% menores que los salarios de los trabajadores varones. Y a pesar de ello, también aumentó la desocupación de las mujeres, mientras crece la proporción de mujeres jefas de hogar, ¡un promedio del 30% de los hogares del país están sostenidos por mujeres!

Y a todo esto hay que sumarle que somos quienes cargamos con las responsabilidades del trabajo doméstico en un 99% de los casos, un trabajo no remunerado que suma más horas a nuestras extensas jornadas laborales, y más "ahorro" para los empresarios.

Y somos nosotras, también, las que sufrimos las consecuencias del aborto clandestino. Más de 400 mujeres mueren por año, y otras miles sufren perforaciones uterinas, esterilidad de por vida, u otros problemas de salud. Además, en los últimos años, han aumentado los casos de secuestros de mujeres jóvenes y adolescentes que son ingresadas en las redes de prostitución o son vendidas a otros países, con la complicidad de las fuerzas policiales, jueces y funcionarios políticos.

Mientras mujeres como Cristina Fernández de Kirchner, Elisa Carrió o Gabriela Michetti hacen política a favor de la clase dominante, nosotras debemos organizarnos y poner en pie un movimiento por los derechos de las mujeres trabajadoras y el derecho al aborto, que luche con independencia de la Iglesia, el Estado y los partidos del régimen. Para pelear por igual salario a igual trabajo, guarderías gratuitas en los lugares de trabajo y estudio, por el derecho a la maternidad, a los anticonceptivos gratuitos, la educación sexual y el derecho al aborto libre, seguro y gratuito, para acabar con las redes de prostitución y la violencia contra las mujeres.

Y así como es muy importante que las mujeres nos organicemos para luchar por nuestros derechos, también creemos que en este camino debemos unirnos con nuestros compañeros trabajadores. Durante este año, vimos cómo muchos sectores de trabajadoras y trabajadores salieron a enfrentarse con el gobierno, la patronal y la burocracia sindical. Tal es el caso de las fileteras y fileteros del puerto de Mar del Plata, los obreros textiles de Mafissa, los jóvenes trabajadores del Lavadero Virasoro en Rosario, o los trabajadores de la pesca de Puerto Deseado. Estos son algunos ejemplos de una nueva generación de trabajadores y trabajadoras combativos, que nos muestran que el mundo obrero comienza a rebelarse.

Y nuestra lucha va de la mano de ésta, por eso creemos que debemos prepararnos para enfrentar juntos y golpear con un solo puño a quienes insisten en mantenernos en la explotación y la opresión. Sería un gran salto en la organización de la clase trabajadora que estos sectores que despiertan a la vida sindical y política, desde las comisiones internas y cuerpos de delegados combativos tomen en sus manos, también, la lucha por los derechos de las mujeres trabajadoras. Las mujeres recientemente electas delegadas del Laboratorio Fresenius – Planta Pilar –la única comisión interna íntegramente compuesta por mujeres entre las plantas fabriles de la zona de mayor concentración industrial del país- son un ejemplo en este sentido. Ellas participarán de este Encuentro Nacional de Mujeres por primera vez, trayendo su propuesta de que las trabajadoras se organicen también para luchar por sus propios derechos, por eso Pan y Rosas tiene el orgullo de acompañarlas y marchar con ellas en este encuentro.

En este Encuentro Nacional de Mujeres, hacemos un llamado a todas las organizaciones políticas y sociales, de trabajadores, de estudiantes, y a todas aquellas mujeres que compartan esta perspectiva a unir nuestras fuerzas para pelear porque PONGAMOS EN PIE UN GRAN MOVIMIENTO DE LUCHA POR EL DERECHO AL ABORTO Y POR LOS DERECHOS DE LAS MUJERES TRABAJADORAS.


ELECCIONES: Apoyamos al Frente de Izquierda y los Trabajadores Socialistas

Ellas tienen sus partidos para hacer su política a favor de los centros de poder financieros y el imperialismo, de la reconciliación con los genocidas y de la mayor injerencia de la Iglesia en el Estado. Las mujeres trabajadoras y de los sectores populares no podemos apoyar a estas candidatas ni sus partidos, tenemos que poner en pie, junto a nuestros compañeros, un partido de la clase trabajadora. Por eso, en estas elecciones, Pan y Rosas llama a apoyar al Frente de Izquierda y los Trabajadores Socialistas (PTS – MAS – Izquierda Socialista) cuya fórmula presidencial, encabezada por José Montes –obrero del Astillero Río Santiago y dirigente nacional del PTS- y sus listas integradas por trabajadores y trabajadoras, se propone difundir la idea de la necesidad de nuestra independencia política como clase trabajadora.

Procesadas por abortar: La decisión más difícil

Fuente: La Tercera


Chile exhibe una de las leyes contra el aborto más restrictivas del mundo, pero una nueva generación de operadores de la justicia, y también de la salud, mitiga hoy su impacto en la vida de las mujeres. Aunque en la ilegalidad las historias de un aborto tienen la misma sordidez de antaño, y recrudecen cuando la ley cae encima.

Por: Pía Rajevic

"¿La denunciamos o no?". "Es tan joven, para qué la vas a perjudicar". "Avisemos a Carabineros, porque se nos puede morir". De ese tenor era el intercambio de pareceres que oyó Rosario, aterrada, entre quienes la estaban atendiendo, mientras se debatía entre la vida y la muerte en el quirófano de un hospital, por las complicaciones de un aborto inducido que se había hecho la noche anterior.

Algo parecido le sucedió a Silvana. Como estaba inconsciente producto del shock séptico con que llegó al hospital a causa de un aborto que le practicó un conocido paramédico de su barrio, los médicos se acercaron a sus familiares a darles explicaciones sobre por qué la iban a tener que denunciar: al correr peligro de muerte no podían hacer la vista gorda, como solían actuar en otros casos, señalaron.

Rosario y Silvana acaban de ser formalizadas judicialmente por el delito de aborto consentido por la Fiscalía Metropolitana Sur, luego de la denuncia hecha por el personal de salud que las atendió en urgencias. Sus casos corresponden a ese cada vez menor porcentaje de mujeres a quienes el aborto que se han provocado no culmina con "éxito", poniendo en riesgo sus vidas. Una situación que conmina al personal de salud a informar a la justicia ante la posibilidad real de muerte.

Es tendencia notoria, no obstante, evitar cada vez más la denuncia a la que la ley obliga. Así, mientras en el sistema público de salud hubo 21.794 egresos hospitalarios por aborto en 2005, y se estima que alrededor del 30% de estos correspondería a abortos inducidos, éste sólo llevó a la justicia, denunciándolos, un total de 44 casos, de acuerdo al número de procesos que registra en ese período la Defensoría Penal Pública.

"Cuando hay riesgo de vida para la paciente, en general, se constata este hecho ante la justicia", dice el doctor Cristián Miranda, jefe de Ginecología y Obstetricia del Hospital Clínico de la Universidad de Chile. Explica la delicada situación en que se encuentran los médicos y el personal de salud ante la ilegalidad del aborto. "No es fácil conocer las causas por las que una mujer aborta, pues por lo general aquella que se lo provoca oculta el dato, al saber que es ilegal. Pero nuestro objetivo no es denunciar, sino atender al enfermo. A nosotros lo que nos interesa es la salud de la mujer. Recuperar y salvarle la vida a aquella que llega con una fuerte hemorragia o infección provocada por un aborto. Por eso, no hacemos interrogatorios apremiantes, tal como ha sido la escuela de nuestros maestros. Nos enfrentamos al dilema de las exigencias de la justicia frente a hechos que caen dentro del secreto médico".

El doctor Marcos Clavero, subdirector de Ginecología y Obstetricia del Hospital San José, señala que anualmente ahí se atienden 1.200 casos de aborto, lo que representa un 10% en relación a los partos que se realizan en el mismo período. El 70% de estos abortos provendrían de embarazos con una conducta de cuidado previo, sin evidencias de intervenciones para abortar; el resto serían provocados. "Contamos con poca información objetiva de maniobras abortivas, salvo que la paciente nos confiese que se hizo algo o que llegue con avanzado estado de infección o, como nos ha sucedido, que venga con la placenta y el cordón en el cuerpo, y sin el feto. Esos casos tenemos que informarlos a la Fiscalía, pero no son más de tres o cuatro al año", comenta. En el hospital San José es de rigor ante un caso de aborto preguntar a las pacientes si se han hecho alguna acción externa. "Si no proporcionan información, se procede a atenderlas como una urgencia más, y punto".

Relata Clavero que desde hace un par de años la presencia de la justicia sólo se concreta en el hospital mediante una persona que viene de la Fiscalía a confirmar la denuncia, quedando citadas las pacientes al tribunal. "Antes eran detenidas y llevadas por carabineros. Tener un carabinero o un gendarme metido dentro de un hospital es una distorsión absoluta e impactante. Nos sentíamos muy mal, no sólo por la paciente acusada, sino porque la maternidad es un lugar donde la gente viene casi siempre por razones alegres".

Como sea, el tema genera grandes contradicciones en los servicios hospitalarios. De un estudio de Aprofa (Asociación Chilena de Protección de la Familia) de este año, sobre una población de 1.200 mujeres que abortaron, se desprende que el personal de salud "está marcado sólo por la intención de no involucrarse en conflictos". Por esta razón, esa institución ha iniciado un trabajo de investigación sobre los conocimientos, actitudes y prácticas en los hospitales en relación al aborto. Parecen necesarias. No es raro que muchas de las imputadas relaten tratos intimidatorios o fustigadores, aunque aislados, de alguna de las personas que las atendieron. Incluso hay casos en que se les ha privado de la atención hasta que cuenten "lo que se hicieron". Frases como "después de lo que hizo, que se aguante el dolor", "que sufra las consecuencias, se lo tiene merecido", han escuchado algunas pacientes de médicos, matronas y enfermeras. Incluso se dio en una clínica privada de Concepción, el año pasado, el único caso de denuncia que se conoce de una mujer de estratos socioeconómico acomodado que se conozca en los últimos años, por parte de una enfermera que habría actuado por razones ideológicas.

Pero, aunque conmocionadas por la posible penalización de sus actos, la situación que enfrentan las denunciadas por aborto a nivel hospitalario es hoy bien distinta de la que vivían hace sólo tres años aquellas que eran acusadas por la misma causa. La imagen de la mujer que acaba de abortar y es engrillada por ese delito a un catre de hospital está en retirada. La abogada Lidia Casas, quien ha realizado varios estudios sobre el aborto en Chile, explica que bajo el antiguo sistema procesal muchas causas terminaban sobreseídas por falta de antecedentes, porque no es fácil comprobar que hubo aborto, salvo que la mujer hubiera llegado con lesiones en la zona. Pero esas mujeres, no obstante fueran sobreseídas, tendían a pasar un período en prisión preventiva hasta que les dieran la libertad bajo fianza. "Se funcionaba con el criterio del juez de pasarles la cuenta antes, sabiendo que las posibilidades de condena para muchas eran escasas. Era un castigo encubierto, que se daba como un adelanto de pena", aclara.

En uno de sus estudios, titulado Encarceladas, en el que analiza los efectos de las leyes contra el aborto a la luz de los derechos humanos, muestra cómo el 52% de las mujeres hasta 1991 sufría prisión preventiva (la que solía comenzar en el mismo hospital donde era denunciada) de uno a 120 días. Aunque luego, una vez condenadas a prisión, las penas siempre les fueran conmutadas por otras obligaciones.

La abogada profundiza en el perfil de la mujer que aborta y es sometida a proceso: se trata fundamentalmente de mujeres que ya han sido madres, entre los 18 y los 41 años de edad y que viven en la pobreza. ¿La razón? Quienes tienen escasos recursos se ven sometidas a mayores condiciones de insalubridad en la inducción de un aborto y, por lo tanto, a mayor riesgo vital y posibilidades de ser denunciadas. Son aquellas que llegan graves a los hospitales, que es donde suelen iniciarse la mayoría de los procesos legales por aborto. Y las mismas que continúan sometiéndose actualmente a los métodos de más alto riesgo para abortar: 61% usó sonda; 8% tallos; 8% raspaje; 6% lavado; 5% palillos o alambre, de acuerdo al estudio de Casas. Mientras en los sectores medios y altos se acude a técnicas seguras, como la aspiración del feto y el uso bien administrado de misoprostol, medicamento para la úlcera que introducido intravaginalmente provoca la expulsión del feto. Se trata de un derivado de la prostaglandina, componente que utilizado en determinadas dosis localmente induce el aborto en 24 horas. Actualmente es ofrecido profusamente en Internet, a precios desde 7 mil pesos la pastilla. Pero asimismo es usado en clínicas y hospitales para inducir abortos retenidos.

"Con 120 mil pesos al mes no podíamos mantener más hijos"

Rosario, 21 años, convive con Juan desde hace cuatro años, una hija de tres años
Actividad actual: vendedora
Localidad: Curacaví
Formalizada por aborto consentido

"Era normal que me atrasara con la regla, por eso no le di importancia hasta los tres meses, cuando empecé a engordar y un día sentí que se me movía algo adentro. Compré un test de embarazo. Salió positivo. Se me vino el mundo encima. Aunque con mi pareja deseábamos un segundo hijo, no era el momento porque estábamos muy mal económicamente y en esos días se venía a vivir con nosotros mi suegra y mis dos cuñadas. Sólo tenemos dos piezas, aparte de esta cocinita y el living, cómo nos íbamos a meter todos juntos con una bebé recién nacido. Yo no trabajaba, porque tenía que cuidar a nuestra hija que tenía dos años. Mi marido es obrero, sólo teníamos 120 mil pesos para vivir. No nos alcanzaba para darle a otro hijo. Era septiembre de 2005. Lo conversamos y decidimos buscar ayuda para abortar. Al día siguiente ubicamos a una señora que hacía abortos. Me dijo que los realizaba con unas pastillas, por 50 mil pesos. Conseguirnos la plata. Me dio las pastillas y me dijo que me las introdujera y después me tomara una para botar todo, que me quedara quieta toda la noche, que en la mañana caminara. Al despertarme sentí dolores y boté como una pelota. Pasaron dos meses y me seguía creciendo la guata y siento que se me mueve algo adentro. Me hice otro test de embarazo y me sale de nuevo positivo. Fui a donde la señora y me dijo que a lo mejor eran dos fetos. Me dio más pastillas sin cobrarme. Ya tenía cinco meses. Hice lo mismo que había hecho antes. En la madrugada me vinieron dolores fuertes. Iba al baño y no botaba nada. En la tarde me sentía muy mal, tenia fiebre. Mis cuñadas me llevaron a urgencia. Tenía síntomas de pérdida. ¿Te hiciste algo?, me preguntaron. Yo lo negué. Me mandaron a Santiago. Allí me revisaron y me encontraron restos de pastillas adentro. La matrona me dijo: te hiciste un aborto. Estuve un día con suero y tuve que expulsar el feto como si fuera un parto. Ahí hablaban de que me tenían que denunciar. La matrona insistía, porque yo estaba grave y tenían que dar explicaciones si me moría. Al final hizo la denuncia. La guagüita ya estaba formada. Me impresiónó mucho. Me dijeron que estaba viva, me la pusieron encima, y me preguntaron qué iba a hacer con ella. Me dio pena. Se la llevaron, en verdad estaba muerta, nunca más la vi. Me hicieron un raspaje, estaba grave. Me fueron a ver de la Fiscalía. Yo conté todo. Me dijeron que al salir del hospital me iban a citar. He ido siempre, cumpliendo con todo. De la Defensoría me llamaron hace poco para contarme que intentaban que mi caso se cierre por las razones que me llevaron a actuar así".

Las claves del femicidio en Chile (Segunda parte)

Fuente: Emol

Magdalena Andrade N.


Las tareas pendientes

No se puede desconocer que el femicidio es hoy un problema de índole mundial, que afecta a países desarrollados y no desarrollados.

Disminuir las altas cifras

En Gran Bretaña, dos mujeres a la semana son asesinadas por sus parejas. En Suiza, mueren 40 al año. Y en países como Finlandia, Suecia y Alemania, entre el 40% y el 50% de las mujeres ha sufrido violencia por parte de un hombre con el que ha sostenido una relación. Patricia Arias recogió estas cifras en otro estudio, llamado "Violencias privadas que impactan la seguridad pública", concluido en agosto pasado y en donde se advierte la necesidad de tipificar el femicidio y la violencia intrafamiliar como materias urgentes de responsabilidad pública.

Mejorar estadísticas: dónde, cómo y cuánto

Por ahora, las investigadoras y todos quienes siguen el tema alimentan sus estadísticas sólo a partir de los recortes de prensa, lo que no permite tener toda la información. Por ejemplo, falta saber cuántos femicidios ocurren en los sectores acomodados, donde los hechos no se exponen de la misma forma que en los barrios más populares, especialmente pensando en la experiencia extranjera, que muestra que los femicidios son transversales a todas las clases sociales.

Aunque sí se ha evidenciado que el nivel educacional juega a favor o en contra de reaccionar de cierta forma: "Sabemos que en los sectores más altos hay más herramientas para protegerse, entonces se producen menos muertes. Además, cuando tienes más educación, posees más filtros para controlar tu conducta. Pero cuando te educaron a golpes, es probable que tu autocontrol sea más bajo", dice Patricia Arias.

Desarrollar la ruta de la prevención

En la ruta hacia la prevención y descenso de la cifra de mujeres fallecidas en Chile por esta causa, el primer paso ya está dado con la sensibilización de la sociedad sobre el tema, analizan las especialistas. Los siguientes apuntan tanto a tipificar el tema dentro de la ley, para poder hacer un mejor seguimiento de los casos.

La necesidad de legislar

La especialistas señalan que es importante que se legisle sobre el tema. Que se considere al femicidio como una categoría aparte de delito, pero no tanto por la pena para el agresor, "sino porque al tipificarlo, simbólicamente, se generaría una sanción social a la muerte de una mujer sólo por serlo", agrega.

En lo que sí debería cambiar la ley, asegura, es en la sanción a la violencia intrafamiliar. "¿Cómo se puede considerar el atenuante de irreprochable conducta anterior en el caso de un tipo que intenta matar, quemar, mutilar a una mujer, sobre todo si hay denuncias desde hace diez años? No se puede hablar de irreprochable conducta anterior porque ese hombre no tiene una condena. En casos en que la ley debe adecuarse hacia la realidad y efectivamente girar hacia el objetivo que se está buscando. Aunque lo ideal sería que uno pudiera trabajar realmente al interior de las familias y mejorar sus relaciones entre género, los niveles de violencia de la sociedad bajarían notablemente".

Mejorar el sistema de protección tras la denuncia

Este es el siguiente paso, según Claudia Dides y Patricia Arias, porque el proceso no siempre es rápido. La experiencia de países desarrollados como Bélgica, por ejemplo, es un ejemplo que podría imitarse en Chile, dice la abogada: a las denunciantes se les ofrece una casa donde estar para que no tengan que volver a la suya inmediatamente una vez que denuncia.

Para Claudia Dides, en tanto, debería propiciarse una red que incluya no sólo Carabineros, sino también colegios, consultorios y otras instituciones que ayuden a la mujer a alejarse de su agresor. "Hay que inventar algo, pero no puedes dejar en manos de esa mujer, que ha tenido la valentía de denunciar, que haga todo el resto, porque ella está pensando en qué comer, dónde va a vivir, es demasiada carga para ella sola".

Las claves del femicidio en Chile


Fuente: Emol

Cinco son los factores que explican por qué este año llevamos 51 víctimas: la juventud de ellas y de sus victimarios, el burocrático trato que se le da a las denuncias, redes de protección poco desarrolladas para las afectadas, el empoderamiento de la mujer -que todavía encuentra rechazo entre los hombres-, y el que ellos todavía consideren la violencia como parte de la privacidad del núcleo familiar. Todos ellos, consignados en un informe de la Flacso, entregan un panorama de este fenómeno en Chile y predicen que, de no cambiar la situación, las cifras de víctimas seguirán creciendo.

Magdalena Andrade N.

51 mujeres han muerto este año en Chile a manos de sus parejas o ex parejas. Haciendo un cálculo rápido, estamos hablando de un asesinato por semana en lo que va corrido de 2007. O peor aún, como sucedió hace algunas semanas, cuando se registraron tres muertes en menos de cinco días

Aunque alarmante, la cifra en sí no es ninguna sorpresa. El año pasado hubo en el país 81 víctimas; 70 durante 2005, y se cree que las tasas han sido similares en años y décadas anteriores, de las que no existe un mayor registro. Los casos que componen las cifras recientes, en su mayoría, son aquellos que ha recogido la prensa, ya que no existe una estadística oficial que sindique cuántas de las fallecidas anualmente por homicidio fueron asesinadas por sus parejas o ex parejas.

A pesar de ello, un equipo de investigadores Flacso-Chile, liderados por la socióloga Claudia Dides, elaboró el informe "Panorama de Sexualidad y Derechos Humanos en América Latina: Chile", que presentarán próximamente en Brasil, donde dedican un apartado especial a este fenómeno y cómo ha evolucionado en los últimos años, especialmente luego de que el Servicio Nacional de la Mujer (Sernam) lo incluyera, a partir del año 2000, entre sus prioridades de acción.

Los resultados de este informe identificaron cinco factores que propician la expansión del femicidio en Chile. "Todos esos elementos demuestran que aquí aún es natural para las personas la idea de que un hombre agreda a una mujer. Y si no conseguimos poner en marcha políticas fuertes que contrarrestren estas barreras -principalmente culturales-, corremos el riesgo de que se naturalice también la muerte", sentencia Claudia Dides.


1. La realidad de la violencia intrafamiliar:

Hay más denuncias, pero menos detenidos. Desde que el Sernam comenzó con su campaña anual de prevención de la violencia intrafamiliar, en 1994, caló hondo entre las mujeres la necesidad de denunciar a sus agresores. Prueba de ello es el crecimiento exponencial en el número de denuncias por año, que en 1995 alcanzó las 38.200 y once años después, en 2006, se duplicó a 80 mil.

Este aumento, a ojos de la especialista, se dio por la creciente incorporación de la mujer al mundo público, "que hizo que una serie de factores que antes no se estaban visibilizando, ahora sí se vieran, y las mujeres encontraran el espacio propicio para poder denunciar. Por eso el Gobierno debió tomarlo como parte de su agenda pública", sostiene.

Sin embargo, el gran problema ha sido que una parte importante de estas denuncias no ha arrojado responsabilidades para los agresores. Para demostrarlo, Claudia Dides recurre a las cifras: "Entre 2001 y 2002 aumentan las tasas de denuncia casi en un 14%, pero disminuyen las detenciones. Este es un dato alarmante si se considera que más de la mitad de las víctimas de femicidio en Chile tenía antecedentes de haber hecho una denuncia en Carabineros", sentencia.


2. Los cambios culturales en el país:

Hombres y mujeres no han ido al mismo ritmo. En su investigación, Claudia Dides y su equipo constataron que los cambios culturales no han alcanzado de la misma forma a hombres y mujeres y así lo evidencian: "Las mujeres, a partir de los 90, se empoderaron, se convirtieron en sujetos de derecho, pero ese cambio no fue igual en los hombres.", argumenta.

La abogada y criminóloga Patricia Arias, también de Flacso y vinculada al tema por su trabajo en el Programa de Seguridad y Ciudadanía de esa institución, sostiene que la causa de esta incongruencia tiene que ver con este cambio de mentalidad que se ha propiciado para las mujeres ha sido demasiado rápido, y los hombres no han sabido seguir ese ritmo: "Las mujeres tienen más conciencia de que son fuertes, pero ese proceso no ha ido a la par con la comprensión necesaria que se requiere del otro género. Y en Chile este cambio de mentalidad ha sido especialmente rápido. De alguna manera, entre los más jóvenes es más igualitaria la relación, pero los hombres igual se sorprenden de una mujer que les contesta cuando no están preparados para que lo hagan, y eso genera situaciones de conflicto más complicadas. Es, para ellos, una mujer que se sale de control", asegura.

Por otra parte, para las mujeres sigue siendo extremadamente difícil romper el círculo de la violencia: "Son capaces de soportar situaciones de abuso por mucho tiempo, porque no es fácil llegar e irse de la casa, hay emociones de por medio. Uno dice: pero cómo quiere a ese hombre, si él le pega. Pero así es".


3. Lo que pasa dentro del hogar:

La agresión intrafamiliar todavía se considera un ámbito "privado". Este es un punto que afecta especialmente a los hombres, y así lo constata Dides en el informe. Las mujeres, al atreverse a denunciar y hacerlo en mayor cantidad, han demostrado que para ellas la violencia intrafamiliar es un ámbito que debe traspasar a la intimidad del núcleo familiar. Pero muchos hombres, especialmente aquellos que responden al perfil del agresor, consideran que todo lo que pasa dentro de la casa debe quedarse ahí, y no atravesar hacia la esfera pública.

Por eso se cree que, todavía, detrás de las mujeres que denuncian son muchísimas las que se callan para mantener la privacidad de la familia. "Los hombres maltratadores todavía viven en la fantasía de que, dentro de su casa, la ley la impone él. Afuera son educados y respetan la igualdad hombre/mujer, pero llegan a su casa y hasta ahí llega esa igualdad", dice la abogada. Y este fenómeno se da especialmente en los sectores más acomodados y tradicionales, desde donde viene la menor cantidad de denuncias, "porque tratan de solucionar el problema entre ellos".


4. La edad de las víctimas y victimarios:

La juventud les juega en contra. En los últimos años, mientras aumenta el número de asesinadas, cada vez disminuye más su rango de edad. Hoy, la mayoría de ellas son mujeres jóvenes -entre 15 y 35 años-, muertas a manos de parejas o ex parejas también jóvenes.

Algo contradictorio para la especialista, pues, dada las continuas campañas de sensibilización sobre el tema, deberían ser ellos los más conscientes, más abiertos a la igualdad de géneros y los menos machistas. Pero esta tendencia se explicaría, según su análisis, por la conformación de la sociedad que le está tocando vivir a la población joven del país.

"Hoy existe una tendencia a que las relaciones sean mucho más precarias que en el pasado, por esta sensación de la mujer de que puede cortar las relaciones e irse, e incluso llevarse a sus hijos, porque tiene la capacidad de mantenerlos. Eso hace sentir a los hombres que tienen que ejercer mucha más violencia para poder tener el control, y con mucha mayor fuerza", explica.

Patricia Arias cree que el hecho de que los jóvenes de hoy estén más estresados también les afecta en el control de sus decisiones: "Tienen menor conocimiento para el manejo del estrés. En los sectores más pobres, los hombres se estresan porque no tienen proyectos, tienen más desesperanza, y en los sectores altos, porque están mucho más sobreexigidos".

Según Claudia Dides, también ha resultado difícil introducir el mensaje del cambio en los que hoy son jóvenes, porque crecieron en un ambiente donde los roles hombre/mujer todavía eran rígidos. "Uno tiene la expectativa de que los cambios se den rápido, pero, ¿cuánto nos demoraremos en que la sociedad entienda el mensaje? Son procesos sicológicos y culturales lentos", asevera.


5. Redes de protección a las víctimas:

Todavía no están suficientemente desarrolladas. Tampoco, según el informe, lo hacen mejor las redes sociales que necesariamente deberían acoger a una mujer que se ve sometida a esta violencia, y que es la principal candidata a ser víctima de un femicidio. Aún no se ha trabajado en un sistema de protección efectivo que acoja a estas mujeres desde el momento mismo en que interponen una denuncia.

El ejemplo de esta deficiencia es más que decidor: de todas las mujeres fallecidas por femicidio, más de dos tercios habían interpuesto una denuncia en Carabineros, muchas de las cuales, luego de la investigación, habían decretado la prohibición del victimario de acercarse a la víctima. Los vecinos y cercanos, además, prefieren no inmiscuirse en el tema, "bajo el principio de que es de la vida privada de los afectados".